Liceo 1 Javiera Carrera

El Liceo 1 Javiera Carrera, fundado en 1894 como el primer liceo fiscal femenino de Santiago, es una institución educativa de gran relevancia histórica. Atiende desde 7º básico hasta IV° medio. Su Proyecto Educativo Institucional fomenta la formación integral combinando lo académico, artístico, deportivo y social. Ha consolidado el “sello javierino”, formando mujeres íntegras, autónomas y con liderazgo ético. Es referente en la promoción de la equidad de género y defensa de los derechos de las mujeres en Chile, manteniendo su tradición como institución emblemática de la educación pública (Liceo 1 Javiera Carrera, s.f.; Municipalidad de Santiago, s.f.).

Experiencias

Década de 1980

Temor inicial, lógica institucional y vínculos de amistad

“Llegué al Liceo 1 el año 84, a primero medio. En el Liceo 1 ...

“Llegué al Liceo 1 el año 84, a primero medio. En el Liceo 1, igual que en el Instituto Nacional y otros liceos, los estudiantes pueden llegar desde séptimo, que es lo mejor, porque los espacios de dónde vienen los niños y las niñas son escuelas pequeñas. Entonces hice séptimo y octavo en la escuela pequeña, la escuela básica, y luego nos cambiamos al Liceo.”

“Era un espacio inmenso, grande. En la escuela chica te conocen, te conocen los profes, te conoce el señor de la puerta, a tu apoderado. Hay una vida más cercana, más familiar. Llegas al liceo y es una tremenda mole, y nadie te identifica en forma particular. Nadie, nadie, nadie, excepto a veces el portero porque tú lo saludas todos los días. Pero hasta a los profes les cuesta identificar por su nombre a la estudiante. Además, que en los liceos generalmente se nombra a las personas primero por el apellido. Y una chica no está acostumbrada que le digan señorita [apellido], siendo que viene de una escuela donde te decían [nombre de pila] trae no sé qué. Es súper distinto. Entonces llegas a una tremenda escuela inmensa, inmensa, inmensa, donde no sabes dónde está el baño. No sabía ni nada, no conocía al inspector, nada. Susto me dio. ¿Qué hago aquí? ¿Qué puedo hacer? ¿Con quién tengo que buscar alianza, tengo que ver al tiro, hacer una amiga?”

“Eso fue al principio, pueden ser dos meses. Ya después de tres meses ya conoces al profe, cuál es tu curso, a las compañeras más o menos las tienes identificadas. Ya sabes dónde está el baño, ya sabes dónde está el kiosco. Porque la jornada es larga, en mi caso era de 8 a 2 de la tarde. […] Bueno, entonces ya estando en el liceo, ya adaptada al espacio un par de meses ubicaba dónde está el laboratorio de química, dónde está la sala de arte.”

“Generalmente a los liceos grandes llegan los niños y niñas que son buenos en su escuela, porque como en esa época existía selección, solamente quedaban los que pasaban las pruebas, tuvimos como tres pruebas, matemáticas, lenguaje. Esa prueba te da un puntaje, tu nota con la que vienes y te da otro [puntaje]. Si tenías hermanos previamente te daba un plus, si eres hijo de funcionario también. En mi caso, mis notas y la prueba. Entonces quedamos porque fuimos dos del otro colegio de donde veníamos. En eso yo te digo que había que rápidamente hacer una amiga. Esta compañera del colegio donde veníamos, ella era del A, yo era del B, éramos las primeras de cada curso.”

“Llegamos al 1 y nos vemos con la […], la única del colegio, ella y yo. Entonces yo la miro para el lado, más encima estábamos en el mismo curso y nos hicimos amigas, que va a ser tan difícil ser amiga tuya […] No es mi mejor amiga ahora, pero fue mi mejor amiga a los cuatro años del liceo, nos sentamos juntas, a los cuatro años cambiamos de segundo, tercero, con la misma asignatura, entonces pudimos seguir juntas.”

“En esa época los cursos tenían 45 estudiantes, ahora 2025 los cursos se han reducido en cantidad, ahora hay máximo 35. Son hartos, pero son 10 menos en un espacio de sala de clase donde están sentados en hileras de a dos. Y sí, nos hicimos muy amigas con mi curso. No todos los cursos lo logran. Pero el mío fue súper bueno. No tuvimos una profe que motivara mucho a la reunión, yo creo que por lo mismo no hicimos más aclanadas y todavía tengo amigas de esa época […] De 45 estudiantes, nosotras nos seguimos juntando, al menos 25.” 

“Esos vínculos se dan en estos espacios áridos donde los profes son difíciles, y además en esa época los profes pasaban su materia y si entendiste, entendiste, y si no, arréglatelas, estudia con un compañero. […] En general, las estudiantes que llegaban a primero medio, que no lograban entrar al ritmo, se van. En esa época se iban porque no había ninguna adaptación posible, o te adaptabas o te ibas. El colegio se lavaba las manos totalmente con eso.”

“Lo que pasa es que en este colegio, la lista de espera es tan grande que si se va uno, da lo mismo, la lista está ahí, eterna. Entonces se va uno, entra uno así, entonces nunca baja la matrícula, porque así es. Son colegios que tienen mucho prestigio desde lo académico. […] De 45 compañeras, 30 a la universidad, al tiro, sin mediar un año más, nada.”

(Exestudiante, 1984-1987)

 

Maltrato docente e infraestructura precaria

“En esa época nosotros pedíamos que los profesores fueran más asequibles ...

“En esa época nosotros pedíamos que los profesores fueran más asequibles, si había 10 rojos en el curso, que pudieran esos estudiantes o el curso entero hacer una prueba de nuevo […] Para nosotros en esa época hubiera sido imposible hacer una toma. Imposible por esta cuestión de la reunión que no se puede. Imposible. […]  Esas cosas generalmente que eran de infraestructura y de trato hubo mucha protesta interna por maltrato de los profesores hacia los estudiantes. Ahora existen los equipos de convivencia y todo ello, pero los profes eran muy maltratadores. Con esto yo te digo que ellos llegaban a ser su cátedra y chao. […] Yo me acuerdo que mi primer rojo en la vida me lo saqué [en biololgía], que fue horrible, porque de ser la mejor, a mi primera nota en el liceo. Me encantaba biología y yo aprendía tanto con ese profe, pero no sabía responder las pruebas, tal vez de cómo seleccionar la alternativa. Un montón de cosas que aprendí en el liceo que de la escuela básica no era así.”

“Primero y segundo con una estructura, tercero y cuarto con otra estructura donde ya tiene las asignaturas que se llamaban en ese tiempo los ramos, los que te interesan realmente, los que tú vayas a proyectar como para ser tu elección. Era humanista, científico y artístico. Dentro de los humanistas, los que quieren tener historia, inglés y filosofía. Los que quieren tener filosofía, geografía y no sé qué. Entonces como son tantos estudiantes, logran hacer esos cursos con los intereses que tienen. En mi caso tuve biología, química y matemática. Lo mío era ser bióloga en ese tiempo. Ahora casi puro humanismo, pero para mí la locura y la pasión era la biología y la pude vivir muy feliz, porque me gustaba. Y en primero medio tuvimos un profe […] que nunca lo voy a olvidar, aprendí tanto con él, pero me saqué también mi primer rojo de la vida.”

“Yo recuerdo los baños. Siempre se pedía que nos arreglen los baños, que haya camarines, que mejoren los laboratorios, que no sea solamente un mesón diferente, que se equipe los laboratorios, esas cosas como de recursos para estudiar mejor. […] Recuerdo que las solicitudes tenían que ver mucho con el trato y con lo físico, con el espacio físico. Y lo del trato no se lograba, pero el espacio físico a veces.”

Era pobre la infraestructura, teníamos unos baños bien horrorosos. De hecho, un año que estaban arreglando una sala justo en mi curso y no nos dieron las salas modernas, nos tuvimos que ir al edificio antiguo, piso de madera (siempre dicen se murió alguien y que estaban penando), todo eso nosotros lo vivimos ese año que fue segundo medio, viviendo en ese espacio aparte,  […] Quizás por eso nos hicimos tan amigas, estábamos nosotras aparte, no había ningún otro tipo de curso allá. Comíamos juntas, hacíamos mil cosas juntas. Y los cumpleaños, una estaba de cumpleaños y las mamás se tenían que preparar para que llegaran 20 al cumpleaños de la compañera. Y es linda la etapa de la adolescencia, porque hasta los pololos eran conocidos por nosotros. Generalmente las del [Liceo] 1 pololeábamos con cabros del Nacional.”

(Exestudiante, 1984-1987)

Prohibición de reunión, solidaridad entre familias y sospecha de vigilancia

“En esa época incluso estaba prohibido reunirse en reuniones grandes ...

“En esa época incluso estaba prohibido reunirse en reuniones grandes, entonces sí se hicieron actividades […] en ese tiempo los papás se organizaban, no había la cantidad de teléfonos, no todas las casas tenían teléfono […] era muy difícil, pero los papás lograban crear esas redes de apoyo. […] Existían igual los centros de padres, porque era como obligatorio que debían tener centros de padres. Si, nosotros veníamos de una escuelita chica, ellos también venían. Y la kermés […] no se hacía, porque [había] prohibición de reunión. Imagínate en este tremendo espacio, no se podía, era imposible, porque estaba prohibido. Lo prohibido estaba prohibido. No había posibilidad de diálogo.

“Generalmente los padres se organizaban y hacían […] rifas, juntaban alimentos, hacían una canasta de alimento, todos traían algún alimento de su casa y armaban una canasta para la familia que estaba con dificultades. Aceite, café, tallarines. Eso surgía. Las estudiantes nos juntábamos en los cumpleaños […] después ya existían las fiestas, pero siempre era como en grupos chicos. No era una cuestión masiva, no se podía.”

Yo creo que habían sapos, el que anda acusando. […] Yo creo que existieron, porque finalmente siempre se sabía, siempre había como que dar explicaciones. ¿Y de dónde iba a salir esta información sin un sapo?

(Exestudiante, 1984-1987)

Municipalización, movilización y represión en dictadura

 “A nosotros en 1984 nos tocó la municipalización ...

 “A nosotros en 1984 nos tocó la municipalización, que los colegios pasaron de ser parte del Estado, del Ministerio de Educación, pasaron al sostenedor, que pasaron a ser las municipalidades. Entonces en Santiago tuvimos suerte, porque somos de la comuna de Santiago. Pero otros colegios que también eran del Ministerio, por ejemplo, Renca, La Pintana, esas municipalidades tienen muchos menos recursos que Santiago, por lo tanto, aportan mucho menos recursos a la escuela. Ahora no es tan así, pero se sostiene esa diferencia. Los liceos de Santiago, Providencia, son distintos a los liceos de otras comunas.”

“El año 84 hubo harta protesta […] de los profesores, de los estudiantes, no hubo paro, en ese tiempo no se hacían paros, pero había muchas marchas, había muchas concentraciones. Fue hermoso, porque también nos dio calle, éramos niñitas, cada una de nosotras de su casa, con moñitos casi todavía. Y salimos a la calle a marchar. La experiencia fue vital. Los chiquillos del Nacional se iban caminando, recogían a las del 1 y nos íbamos al Aplicación que está en República. […] Y en el Aplicación, que tenía un tremendo gimnasio, nos juntábamos ahí porque era el lugar de asamblea, para ver que se va a hacer.”

“Fue horrible lo de la municipalización para los adultos. Nosotros como niños no lo vivimos tan terrible. Y yo no sé si cambió mucho la entrega de recursos para la escuela. Yo era estudiante, entonces no sé cómo fue eso, pero fue muy duro. En ese momento, para nosotros que éramos chicas, primero, medio seguíamos a la masa nomás, no teníamos la convicción de los de tercero y cuarto que ya tenían. Sabían cómo funcionaba la dictadura. [Mi familia]  no era politizada y mi mamá era muy temerosa, entonces me decía no hables, no sé qué. No, no, calladita, no te metas en nada.”

“Recuerdo que los primeros que protestaron fueron los profesores, porque les cambiaba su figura contractual, dejaban de tener un empleador, pasaban a otro. Y como consecuencia de eso, los estudiantes también éramos perjudicados. Porque no era lo mismo ser del Ministerio que te llegaran los recursos directos del Ministerio, si no pasaban. Ahora a través de un sostenedor que era la municipalidad. Todavía pasa que las municipalidades se quedan con gran parte del dinero que reciben del Estado, que se llama subvención. Se las quedan y las usan para otras cosas.”

Era el reclamo de por qué íbamos a pasar de Estado a Municipalidad. Fue grave, porque muchos profesores que debieron recibir una compensación monetaria por cambiar de sostenedor, les cambiaba su empleador, cambiaban todas las reglas ante los funcionarios. Tenían un grado, el Estado les da grado a los funcionarios y los profesores podían lograr ir subiendo grados también. Con el cambio a la Municipalidad, todos funcionarios, todos iguales, y los estudiantes sufrimos el desazón de nuestros profesores. […] A los profes les golpeó fuerte. […] Desde ese momento se generó la deuda histórica […] que ya muchos profes se han muerto sin que les paguen. Un estipendio, como una compensación económica por haber cambiado de sostenedor. Hay muchos profes que todavía no les pagan. Recién el año pasado, imagínate, 30 años, más de 30 años, se empezó a pagar a todos los profes esa deuda histórica que al final cada profe pedía. Ponte tú, lo justo hubiera sido que les dieran un millón, pero no era un millón lo que les daban sino 500, y los profes con esta frustración de haber pasado del ministerio a la Municipalidad. Fue duro.”

“Estábamos en plena dictadura, año 84. Era extremo hacer una Marcha el año 84. Por eso los del Nacional pasaban a buscar a las niñas del 1 y nos íbamos a la Aplicación, nos cuidaron mucho. iba el grupo de chiquillos adelante, nosotras al medio y el otro grupo atrás. De manera que podíamos estar protegidas de la llegada de los Carabineros. Hubo una represión muy fuerte. Siempre hacían Control de identidad, pero no como ahora, en ese momento era: ¿cómo se llama tu papá? De una forma muy hostigante, muy hostil.”

“Cuando eran las marchas, era correr, correr, correr. Y yo me acuerdo, a mí me tocó y miraba: allá estaban los compañeros. Estaba como la guerra con los Carabineros, porque siempre fue la piedra a los autos de los Carabineros, la piedra, los Carabineros con chorros, lanzaaguas. Salió un piquete de Carabineros y agarró a varias de nosotras detenidas. Y los chiquillos, me acuerdo, en mi caso fue un tremendo cabro del Aplicación […] corrió, pateó al carabinero y me suelta en eso que le llega la patada y salimos corriendo. Porque en esa época era duro, si te detenían, tú no sabías.”

“Yo creo que los estudiantes logramos perder un poco el miedo a salir a la calle a protestar, a hacer letreros, a colgar lienzos desde el colegio que dijeran no había, que dijera cualquier cosa que tuviera que ver con la Dictadura, oposición, tal vez. Sí, yo creo que eso logramos.”

(Exestudiante, 1984-1987)

Década de 1990

 Autopercepción social, sentido de pertenencia y trayectoria en el Liceo

“[El día que llegué al Liceo] Tenía mucha ansiedad […]

“[El día que llegué al Liceo] Tenía mucha ansiedad […] Yo estaba muy nerviosa porque tenía temor. [En] una carta que nos hicieron escribir ese día cuando llegamos,  [sobre cuáles] eran nuestros anhelos, cuál eran nuestros temores y todo lo demás, y yo le pongo en esa carta […] me gustaría tener amigas y que no me discriminen por de dónde vengo y poder conocer gente distinta. Porque ahí también uno tenía muy claro de que estabas con gente de distintas comunas, de distintas realidades, pero ya se tenía como esa autopercepción de que venía de un segmento marginal y eso yo lo tenía como super claro. Después me encontré con que la mayoría de mis compañeras venían de la misma realidad que yo. Entonces, eso fue también una sorpresa y algo positivo de sentirte entre pares tratando de forjar algo distinto. Eso yo creo que es un sello bien bonito que tenía el liceo en esa época.

“Yo estudié en el liceo como te contaba desde el año 95 en el [séptimo año] A, entré por selección, en ese tiempo había pruebas de selección. Yo venía de un colegio particular subvencionado de la comuna de Pudahuel. Hice las pruebas y fue súper potente ese camino en mi vida. Y nos mantuvimos en el A con mis […] dos mejores amigas, hasta segundo medio. En segundo tú tienes el tema de la división, que tú eliges hacia dónde quieres ir, cuáles [son] tus inquietudes. En mi caso yo era humanista y éramos las menos, entonces nos correspondió después la letra I, a la mayoría que tomamos esa elección, que éramos muy poquitas. De mi curso fuimos cuatro y finalmente nos quedamos tres. Y salimos del cuarto [año medio] en el año 2000, con todo lo que eso significa, la carga simbólica de cerrar una generación en un curso donde nos sentíamos totalmente ajenas, nosotras ese día nos reíamos y decíamos: más que decir que somos del cuarto I 2000, nosotras somos del séptimo A 95. Y así nos reconocemos, o sea, ese grupo fundador para nosotros es el que construyó y forjó nuestra identidad hasta que salimos del liceo.” (Exestudiante, 1995-2000)

Desplazamiento urbano, cansancio, esfuerzo

“[¿Cómo fue, al menos la experiencia del trayecto de Pudahuel a Santiago Centro?]

“[¿Cómo fue, al menos la experiencia del trayecto de Pudahuel a Santiago Centro?] Larga, difícil, gran parte de mis anotaciones […] eran por atraso, estuve condicional en tercero medio por atraso y en cuarto me sacaron de condicionalidad, y me volvieron a poner, porque de verdad que el traslado era complejo. Yo tenía que levantarme diez para las seis todos los días, tomar desayuno y salir, y tomar micro hasta Pajaritos, yo vivía en el Parque Industrial, entonces tengo ese recuerdo, de esas mañanas, muerta de frío cuando el invierno era de noche, estar ahí muerta de frío, sin tanto temor, era más el frío y llegar a Pajaritos, y hasta Los Héroes, la combinación Santa Ana, todo ese trayecto que duraba como una hora era agotador, y andar corriendo siempre, esa sensación de andar corriendo siempre.”

“Y lo otro […] este recuerdo de vernos tan pequeñas andando en transporte público. Yo me iba en micro a los 12 años, iba y volvía. Ahora yo tengo una hija de nueve y no sé si la dejaría subirse sola al transporte público y hacer esos viajes tan largos. Pero en ese tiempo la conciencia con respecto al tema del traslado era diferente, era asumir también ese costo. Mis padres no podían llevarme al colegio. También yo tenía un hermano menor en ese tiempo […] Mi mamá estaba consagrada en ese momento a [cuidarlo], entonces no podía desplazarse conmigo cruzando la ciudad. Tengo muchas historias como de esto de la micro de vuelta a la casa, vivir situaciones desagradables en la micro, tantas horas viajando. Es parte de eso y el hecho de este sacrificio, el hecho de que hay que ir, porque es algo mejor para mi futuro, se veía el liceo ya como una posibilidad de movilidad social.”

“Yo fui la primera de mi curso del colegio de la básica en irse en sexto a un colegio, todas tenían como esto de: si tu llegaste a octavo y de ahí nos separamos. Y en mi caso era: no, está postulando al Liceo 1, quiere ser distinta, le va mejor, es la mejor estudiante del colegio, como que siempre [hubo] esa conciencia de que ese iba a ser mi camino. Ahora lo bonito es que hasta el día de hoy tengo contacto con mis compañeras de la básica y tenemos nuestro grupo y conversamos, y es bonito tener ese espacio, pero yo no hice ese proceso completo con ellas. Yo me desprendí de ese grupo en sexto básico” 

“Santiago del 95 al 2000 es muy distinto al de hoy. Para empezar, esta es la época anterior a las micros amarillas, o sea, esto yo creo que es mucho antes de lo que tú conoces. A esa hora había menos autos que hoy día, había cosas que hoy día no existen. Había pocas líneas de metro cuando nosotras estábamos en el Liceo, recién en la mitad inauguraron la línea cinco. A nuestra generación le tocó estar con los trabajos del metro en Plaza Santa Ana y tener parte de la plaza cerrada. La plaza era un lugar muy importante de nuestra vida estudiantil. A la salida del colegio era el lugar de encuentro con los amigos de los colegios. Nos quedábamos muchas horas después de las clases.”

“El trayecto tiene esto, la dificultad de llegar. En mi época era viajar desde Pudahuel, desde el Parque Industrial en esa micro que eran muchos minutos, muchas paradas, la micro llena, ir con obreros, ir con trabajadoras, ir con otros estudiantes de otros colegios y tratar de llegar al metro, esa era como siempre la meta, llegar al metro y este tema de la combinación. Para mí tiene también un elemento romántico y bonito, que gran parte de mis pinches, y amigos, y amores nos juntábamos en el metro. Tenía eso bonito también de verte y divisar al chiquillo que te gustaba al otro lado del andén o ir a la estación a mirar y que te encontraras como de casualidad, que no era casualidad.”

“Con las chiquillas, cuando nos escapábamos temprano, el metro era ese lugar donde hacíamos las travesuras, mi primera cimarra fue arrancarme en metro, mi mamá me pilló, me encontró en el metro precisamente. Entonces tiene mucha historia eso también.”

“La vuelta era agotadora, estar esperando la micro ahí en Santo Domingo, minutos de tratar de meterte, subirte a la micro, la única micro que me llevaba directo a mi casa, para no tener que hacer este viaje de vuelta de Pajaritos. Ahí pasaba una micro que en ese tiempo era la Golf-Matucana que después en las amarillas fue la 226. Y la 226 me llevaba hasta mi casa directo. Entonces, ojalá agarrar un asiento para irme leyendo todo el camino. Ahí los libros fueron grandes compañeros, yo me iba leyendo. Apenas podía agarrar un asiento, esa era mi meta, poder leer.”

“Eso es bonito también recordar del trayecto, era el rato que tenías para leer. Más que estudiar, yo lo usaba para leer y distraerme. Porque para estudiar, para eso ya había tenido muchas horas en el liceo,  de verdad que había sido un bombardeo. Entonces mi rato de lectura por placer era el rato en la micro o en el metro.”

“Yo tengo ese recuerdo de salir y bajarme de la micro súper cansada. Y que me iban a buscar a veces a la bajada de la micro porque ya era tarde. O los días de verano cuando salía, cuando estaba en la jornada de la mañana y salías muerta de calor y había que subir el cerro que daba a mi casa. O iba un vecino a buscarme, o iba mi papá. Era agotador, era bien sacrificado.”

“Y mantener el uniforme, piensa que yo iba en una generación con jumper y con blusa y esto de abrirse un botón ya era revolucionario, bajarte las calcetas, que era revolucionario. Nosotros fuimos una de las primeras generaciones que usó pantalón azul en invierno. Pero eso era lo más que nos podían conceder, lo otro hubiese sido un sacrilegio. El uniforme era sagrado.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Precariedad de la infraestructura y estrategias de afrontamiento

“El teatro [del Liceo] siempre estuvo en malas condiciones [...]

“El teatro [del Liceo] siempre estuvo en malas condiciones […] Gran parte de nuestros recuerdos es estar con parca dentro de la sala, el frío que había era enorme. Y lo otro, el tema de los baños, […] Andábamos con un rollo de confort en nuestra mochila, y cuando alguien quería ir al baño, nos compartíamos confort […] esto fue cuando estábamos como en tercero medio […] o el que no hubiera jabón también, nosotras llevábamos nuestra jabonerita, nuestra toalla […] teníamos esos elementos que nuestras mamás y papás trataban de que […] pudiéramos tener al menos lo básico para poder estar un día entero, una jornada entera… ¡Y las jornadas igual eran extensas, po! Ahí no tenía jornada completa, era la jornada de la mañana y la jornada de la tarde y creo que hasta el día de hoy es así.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Organización del tiempo, sobrecarga de actividades y estrategias de supervivencia

“Cuando nosotros entramos al liceo estuvimos en la jornada de la tarde.

Cuando nosotros entramos al liceo estuvimos en la jornada de la tarde. Era la entrada a las 2:20 [pm], excepto el día jueves, creo que entrabamos a las 3 [pm], que era el día en que había jornada de profesores. Y salir tipo 7 y media [pm], era super tarde todo. Después, cuando estuvimos en la mañana, era eso de entrar muy temprano, 10 [minutos] para las 8 [am], muy temprano, que era un horario horrible. Y teníamos el tema de las horas de estudio entre medio de los recreos, y los recreos. Esos recuerdos de ir al quiosco, o de estar en los pasillos.”

“Después, ya más grandes, los talleres, o estar con esa inquietud de distintos grupos, no sé. En mi caso yo estuve muy ligada al tema de la poesía, al teatro, más que a lo deportivo […] El tema de ir al gimnasio, de entrenar, de las medallas: yo no soy de esa… Yo soy de estar en biblioteca, de arrancarme porque tenía un concurso literario y tenía que entregar algo, o de estar ensayando porque teníamos una obra de teatro.”

“En tercero y cuarto, como nos separaron del curso original, con mis compañeras corríamos al edificio nuevo, porque a nosotros nos llevaron al edificio antiguo del liceo. Entonces, hacíamos todo este circuito, porque teníamos [un] recreo súper cortito. Había un recreo como de 5 o 10 minutos, había otro más largo de 20 a 25. Entonces, hacer todo el recorrido hasta el otro edificio en el recreo corto era una locura, y lo hacíamos para poder ver a nuestro curso original. Tengo mucho recuerdo de eso, como de estar escapándome del colegio.”

“Aparte de las clases, uno siempre se queda con el recuerdo de detalles que no tienen nada que ver. Escarparte al casino a comer una hallulla con queso en la mañana, que estás muerta de hambre y de frío. En esa época, cuando recién estaba la sala de Enlaces, tratar de correr y agarrar un computador. También estuve en el grupo que estaba en el taller de computación, entonces tengo muchos recuerdos de eso, de correr constantemente, para esas pausas o elementos que te sacaban un poco de la rutina del Liceo. Y lo otro que tengo muy presente es [que en] tercero y cuarto medio ya empieza la locura de la preparación para la prueba.”

“Yo soy de una generación que dio la Prueba de Aptitud Académica y la presión sobre nosotras era mucha. O sea, yo ya había empezado a hacer facsímiles en tercero, estuve en preuniversitario en cuarto [año]. Aparte hacía muchas otras actividades, estaba en ese tiempo en catecismo, estaba trabajando en el Instituto Nacional.”

“Sobre todo tercero y cuarto medio fueron años muy intensos […] Me había puesto a trabajar en un proyecto en el Instituto Nacional, de la televisión institutana que había en ese tiempo. Me llevaron a trabajar los chiquillos con ellos, a aprender, tenían un canal de televisión. Entonces también muchas horas fuera, salía corriendo del colegio y me iba para el Instituto, corría después al preuniversitario. Yo no sé de dónde sacaba tanta energía.”

“Como había tan poco tiempo para poder ir a la casa y no teníamos los recursos suficientes como para estar llevando comida o comprando alimentos alrededor del colegio, íbamos a almorzar al casino, pero […] nosotros no estábamos en Junaeb, entonces llegábamos a ver si les sobraba comida […] si les sobra un pancito, si les sobra sopita del almuerzo o si hubo gente que no viniera a almorzar. Y ahí partíamos a hablar con las tías a ver si nos dejaban bandeja, bien precario todo. Tener eso, mucha hambre, había hambre todo el tiempo.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Sobreexigencia, competitividad y contradicciones

“A nosotras nos pasó que teníamos un sentido de responsabilidad super grande.

“A nosotras nos pasó que teníamos un sentido de responsabilidad super grande. El hecho de haber sido seleccionadas, el saberlo diferente o que habíamos tenido una oportunidad que nuestras compañeras de vida, de barrio, no habían tenido, nos hacía sentir que teníamos un compromiso súper grande con lo que estábamos haciendo. Y esto es muy fuerte cuando uno lo conversa con otras personas, no solamente de la misma generación, de generaciones anteriores, que fueron formadas en el Liceo y tenemos un sello muy particular y que nos reconocemos así. Lo que no quita también que tiene todo un tema negativo, que es el tema de la sobreexigencia y el tema de querer cumplir y querer destacar, aunque no te lo estén pidiendo.”

“Uno quiere hacer mucho más de lo mejor, entonces es un peso que cae sobre uno, una autoexigencia super grande y que muchas veces nos pasa la cuenta. La primera caída que uno tiene es cuando ya te enfrentas al mundo universitario, donde tú no eres la mejor, donde la manera en que tú estudiabas no es la que se necesita en el pensamiento académico universitario. Y ahí muchos de nosotros tuvimos experiencias complicadas, contrastar los dos mundos fue un abismo para nosotras. Ahí yo me incluyo, para mí fue súper complejo.

Hay mucha competencia, nosotros también hablábamos del Liceo como una máquina moledora de carne. Muy parecido a The Wall de Pink Floyd, en términos como de lo importante que eran los resultados, la formación super academicista, todo muy concentrado en el tema de los puntajes. Eso nos hacía tener problemas de autoestima muy fuerte, porque por un lado pasábamos de creernos el centro del universo y donde te hablan de “acá formamos a las mujeres lideresas”. 

“Mi generación eran las profesionales de Chile, la futura presidenta o ministra. En mi generación está esta imagen de las ministras Soledad Alvear y Michelle Bachelet. Ese era el modelo, y eso era lo que nosotros teníamos que aspirar a ser. Quien no destacara o quien no llegara a esos estándares sufría bastante. Lo que yo te decía de estar haciendo facsímiles y sacando los puntajes. Nosotros pasábamos con la calculadora, cada nota que nos sacábamos veíamos cómo nos afectaba en el NEM para la prueba. Nosotros sabíamos que las notas en el Liceo no valían lo mismo que las notas en otros colegios. Sacarse un seis en el Liceo era como, ¡guau! Sacarse un siete era de Dios.

“A pesar de toda esa superexigencia que teníamos, salimos adelante. Uno se da cuenta que, claro, uno idealiza al principio, sobre todo cuando está tan cerca del tema. Pero después cuando ya tomas distancia te das cuenta de que tiene un montón de falencias. Lo que es formación afectiva, cero. O sea, eso lo teníamos entre nuestras amigas, ciertos profesores o ciertas profesoras, pero la mayoría era orientada a formar máquinas. Máquinas que fueran exitosas. Y había también etiquetas dentro del liceo.”

“Las chicas del A no fracasábamos, las chicas del A éramos el mejor curso, las chicas del A eran las más ordenadas, porqué nos habían ordenado dependiendo como de mejor a [peor] y las de la letra A se suponía que éramos las que teníamos el mejor puntaje en la prueba de selección. Entonces, eso te lo hacían notar cuando tenías cursos que llegaban hasta la K, L en esa época hasta segundo medio, después llegaban hasta la M y te hacían notar que esa diferencia era porque te habían clasificado según tu desempeño académico.” 

“Pero eso no lo llevaban solo a lo académico, lo llevaban a la persona. Los profesores lo tenían muy metido en su lenguaje. Entonces uno empieza a adaptar eso. Cuando ya te juntan con los otros cursos, te cuesta, porque partes con un prejuicio que es “mi compañera no va a ser tan buena en esto”. Después te vas dando cuenta que es una tontera. Pero en ese momento sí te va generando una marca.”

“Las señoritas, las señoritas del A, las estudiantes del Liceo […] tienen que demostrarlo dentro y fuera […] el correcto uso del uniforme, el lenguaje, la forma de expresarte, la forma en que te comunicabas, pero los profesores también te decían: “Usted tiene que sacarse buenas notas, usted tiene que estudiar. Esa no es la manera en que estudia una estudiante del liceo”. El profesor de matemáticas que nosotros tuvimos durante varios años […] nos decía, “ya este ejercicio puede ser para las del D o para las del E, pero este es un ejercicio para las del A […] la mayor complejidad para ustedes, porque ustedes pueden”. O esto de la anotación. Había una anotación de mi profe de lenguaje que me hacía pebre por haber faltado una prueba: «Estudiante falta a una prueba de lectura a pesar de que era solamente una página y se había avisado la prueba con un mes de antelación.» No estaba la posibilidad que yo hubiera faltado porque estaba enferma. Era mi responsabilidad estar ahí rindiendo esa prueba. Tú no podías fallar en algo.”

“Todo lo que saliera del molde también los profesores te hacían notar que no era bienvenido. Como si tú, primero, no eras exitosa y segundo, exitosa es lo que a ellos les parecía que eran las prioridades, que eran las que venían de la matriz del currículum del Liceo y también de la prioridad de tener buenos puntajes. El Liceo se sostenía en que nosotros siguiéramos apareciendo en los rankings de SIMCE y Prueba de Aptitud. Y en eso se sustentaba el prestigio y te lo hacían notar. A usted tiene que irle bien, porque al Liceo le va a seguir yendo bien.”

El primer aniversario del Liceo que a nosotros nos toca ir, en séptimo, tuvimos que ir con unas trenzas, guantes blancos […] Porque la misa era en la catedral y nosotras teníamos que ir como señoritas a la catedral. Fíjate el símbolo de estas niñas tan perfectas, lo que chocaba después con otros elementos, por un lado la precariedad, darte cuenta cómo no había comunicación afectiva. Hubo veces en que nos expusieron a situaciones que por nuestra edad no nos correspondía haber pasado: pues entre el acoso que sufrieron algunas compañeras, ver a profesores acosando a compañeras, cosas que no nos correspondía vivir a esa edad y que ahora más de grande nos hemos dado cuenta de que las mantuvimos como super naturalizadas.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Vínculos docentes

“Lo que por lo general pasaba es que si tú destacabas en un área ...

“Lo que por lo general pasaba es que si tú destacabas en un área o había un área que para ti fuera más atractiva, tenías más cercanía con esos profesores. En mi caso siempre tuve cercanía con las profesoras de historia, porque es la carrera que elegí después […] Y con lenguaje, sobre todo mi profesora de tercero y cuarto medio. En ese tiempo uno la consideraba como la mamá, uno buscaba mucho estos referentes como de mamá, papá, estaba ahí tanto tiempo en el colegio que se convertían en eso. El profe de historia para mí tenía esa connotación paterna.”

“Ahí tú te das cuenta, son muchas horas que uno está ahí, y hay muchas carencias también. Uno está siempre buscando agradar, yo me vuelvo a ver niña y uno está con este tema de sacar buena nota o participar en clase. La interrogación oral, que te sacaran adelante a competir con tus compañeras, en matemáticas o en biología. Había un profesor de biología que hacía una cuestión que se llamaba el lápiz asesino. El lápiz asesino constaba de que él tomaba el libro de clase, tiraba el lápiz y donde caía, interrogación oral, delante de todo el mundo. Eso era en todas las clases, los primeros 5 o 10 minutos, y era un terror a la hora de biología. A mí me generaba terror, yo creo por eso me iba tan mal en biología.”

“La profe […] de ese tiempo llegaba a la sala de clase su primer día en cualquier curso y decía, «soy […] Terminator. Eso es lo que pueden esperar de mí. Soy implacable”. Y todos así como muertas de susto y después te dabas cuenta de que era un dulce de ser humano. Las humanistas amábamos a la Terminator. No así a la de […], que andaba toda sonriente y era la que te odiaba más y te ponía las anotaciones más salvajes con una sonrisa. A mí una vez me anotó porque andaba con un chaleco que según ella era de un color ilegal y era como, «Señora, es azul, cobalto, pero es azul, no tengo otro chaleco en mi casa”. “Te voy a tener que poner una anotación”. Señora, esto es muy doble vínculo.”

“Los profes se convierten en personaje en esa narrativa. Ellos saben que tienen un peso fuerte en lo que están haciendo y ser como discípulo de un profesor en particular en ese tiempo tenía un peso. Era como, «tú eres buena en esto». En mi caso, valió para mí, para gran parte de mis compañeras, el haber ido a Isla de Pascua a presentar una obra de teatro basada en un libro de poesía, que [la profesora] nos eligió: «ustedes van a ser capaces de llevar esto a una obra de teatro». Si yo no hubiese tenido quizás esa cercanía, jamás me hubiera visibilizado para eso. Lo mismo para los concursos, o sea, cuando había concurso literario, los profesores sabían quiénes son las que han ido desarrollando talento, listo. La tomó, la mandó y así ganamos, ¡ganamos!, el colegio gana: esto es una cuestión colectiva y que tiene que ver con el prestigio del Liceo. Es una responsabilidad que te ponen y éramos niñas chicas, te estoy hablando de [a los] 14-15 años tener ya ese peso, es mucho.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Amistad como refugio 

“[Mi amiga] siempre ha sido una buena partner y […]

“[Mi amiga] siempre ha sido una buena partner y […] sentir que nos podíamos proteger mucho las dos, confiar mucho la una en la otra. También tuvimos momentos donde nos distanciamos, pero nos volvíamos a juntar. Una vez me dijo: yo siempre estoy aquí, eres tú a veces la que sale a explorar, pero vuelves. Teníamos mucho eso como de refugio, […] que nos estábamos cuidando[…] hicimos una buena dupla en eso, como de protegernos, de aprender juntas, de hacer una trayectoria en que uno no se sentía tan sola. Y hasta el día de hoy tenemos esto de que venimos de una historia compartida, […] un origen social que es el mismo, historias familiares parecidas, las expectativas que había en torno al que estudiáramos en ese colegio, se cumplen en el caso de las dos. […] Yo siempre la he considerado que tiene muchos más talentos en varios ámbitos que yo, y que así también los desarrolló en sus líneas. Creo que nos parecemos mucho. Yo creo que por eso seguimos siendo amigas también, como esto de haber ido procesando los traumas juntas, cuando nos hemos dado cuenta las dos de las cosas que no estaban correctas. Eso también ha sido súper sano.”

“Hay un montón de cosas que tenemos críticas que nos duelen, que no nos parecen bien, pero estábamos las dos comprándonos una piocha del Liceo porque para nosotros era importante asumir esa identidad, o sea, la sentimos super fuerte. Ahora está con muchas ganas como de que hablemos de esto, de cómo fue para nosotras ir ese día, todavía lo tenemos pendiente. Yo creo que sin duda encontrarte con una persona par o con un grupo de amigas dentro de un espacio tan complejo, y tan grande, y con tanta gente, sin duda te ayuda a vivirlo de una mejor manera. Yo creo que en otra manera, de otro sentido no, quizás no lo hubiera pasado tan bien o la presión me hubiera superado en muchos momentos.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Biblioteca como refugio cotidiano

“La biblioteca era el lugar donde yo podía tomar libros y leerlos y libros que jamás ...

“La biblioteca era el lugar donde yo podía tomar libros y leerlos y libros que jamás quizás hubiese podido conocer, autores que quizás nunca hubiera podido explorar y en la biblioteca yo era feliz. Podía hablar de libros, podía quedarme leyendo, me prestaban, me sugerían, las tías de la biblioteca siempre fueron super amorosas conmigo, me gustaba ayudar. […] En ese tiempo justo el tema de recuperación patrimonial, estábamos buscando archivos antiguos del liceo, eso ahora ya explotó, es una cuestión maravillosa que han hecho la línea de patrimonio, pero en ese tiempo era super incipiente.”

“La biblioteca fue tanto mi hogar que en cuarto medio me dieron un diploma […]. Efectivamente, ese era mi lugar en el liceo, es un lugar que recuerdo con cariño […] por ejemplo, a García Márquez que lo descubrimos ahí y pudimos leer gran parte de sus libros. Y las tías de la biblioteca nos lo ordenaron, cachá, así como no, este va primero para que aprendan el universo macondiano, tienen que entender esta línea y no sé qué. Eso es lo que hacía la biblioteca para nosotros.Es un elemento bonito e importante de esos años para mí.”

“[…] Tenía unas repisas, unas vitrinas antiguas de madera con vidrio que podías ver libros super antiguos que para eso había que pedir llave, y había otras repisas donde estaban los libros que podías llegar y sacar y que era mucho más fácil. Tú tenías la posibilidad de avisarle a las tías del mesón cuál era el libro que ibas a sacar o que ya había sacado, te ibas a una mesita a leer o hacías el tema del préstamo ahí en el mesón o pedías ahí mismo la llave si algo te habían llamado la atención los libros más valiosos que estaban en estas vitrinas antiguas de madera y vidrio.”

“Ese [espacio] tiene mucho como de lo antiguo, piensa que el espacio donde está era como te decía, aparte del edificio antiguo del liceo. La puerta del fondo te conectaba con las escaleras que iban hacia las salas de clase y se sentía a veces el olor a comida, porque en el primer piso en la parte de atrás de la biblioteca es donde estaba conectado el casino. Así que a la hora más o menos de almuerzo ya empezaba a salir el olor a comida muy intenso.”

(Exestudiante, 1995-2000)

 

Los símbolos y la memoria

“Tengo mi corbata, tengo mi insignia, tengo cartitas que nos mandábamos, […]

Tengo mi corbata, tengo mi insignia, tengo cartitas que nos mandábamos, […] fotos, símbolos, no sé, llaveros que nos regalaron, un anillo que está todo oxidado que nos regalaron en séptimo. Tengo una caja llena de cachureos que me la he ido llevando a los distintos lugares del mundo donde he ido viviendo y […] ha sobrevivido esa caja. […] Yo siento esa vinculación fuerte con el liceo y me gusta hablar con compañeras que también lo tienen. Para mí es un parte importante de mi identidad […] incluso más que la universidad, uno siente como más esa ligazón con el liceo.”

“Como que [los profesores] sabían que no había plata, pero no importa. Vayan a la biblioteca, nos decían mucho: traten de ir a las bibliotecas, traten de ir porque no puede ser que ustedes piensen que porque no tienen plata no van a poder aprender. Ustedes yo les voy a enseñar que aprendan, pa cuando tengan el elemento lo puedan aprovechar y esa cuestión nos quedó mucho de ese profe. Como yo les voy a dar la base para que ustedes después cuando tengan las oportunidades, las pueden aprovechar a concho. Yo creo que todas esas cosas a uno le van quedando y por eso [es] que los símbolos son tan importantes. No es solamente un tema de discurso, es algo que tú vas recreando a medida que te conectas con algo que te lo recuerda y por eso para mí conservar esos detallitos es tan importante.”

(Exestudiante, 1995-2000)

Gratitud, movilidad social y formación ciudadana como legado

“Yo creo que es un tesoro haber tenido la posibilidad y la oportunidad de tener un espacio ...

“Yo creo que es un tesoro haber tenido la posibilidad y la oportunidad de tener un espacio donde poder desarrollar mis talentos, que mis papás hubiesen podido acceder, que a mí me hubiesen permitido rendir las pruebas y que yo hubiese podido quedar. Creo que tuve oportunidades y me abrió puertas que de otra forma hubiese sido imposible para lo que era mi contexto social. Yo creo que de verdad el liceo en ese tiempo jugaba un rol de movilidad social importante y lo asumía con gran responsabilidad. [Yo en eso sí me encuentro una persona privilegiada. Y es algo que uno dice que hay que ser agradecido también, porque yo veo que esas oportunidades en ese momento no eran para todos y para todas. Y estoy super segura de que quizás mi camino en gran medida hoy día se debe a que pasé por ese espacio.”

“Y que me enseñaron ahí también elementos que hoy día me constituyen como soy en términos de ver que las posibilidades existen. Para mí son pocos los límites que me pongo en cuanto a lo que puedo llegar a hacer. Porque siento que ahí me mostraron que con pocas herramientas se podía generar mucho potencial y eso es algo que hasta el día de hoy yo creo que me marca.”

“Y lo otro tiene que ver con esta concepción de ciudadano y de compromiso. Había una cuestión que en el liceo era súper clave y era como estamos formando ciudadanas, estamos formando mujeres activas en la sociedad, no era para tenernos encerradas en una casa, no era para tenernos encerrados solamente valernos por nosotras mismas para nosotras mismas, era por un bien superior. A nosotros se nos habló y se nos inculcó mucho el rol que nosotros íbamos a jugar en la sociedad. Entonces, creo que eso es algo que hoy día lo veo como muy necesario. El sentirte parte de un colectivo, el ver una identidad común.”

“El liceo para mí, lo puedo reconocer con otras pares a partir de que había ahí algo en común, que era este sentimiento y estos valores. Yo siento hoy día que está ese legado […], en mi forma de ser y en mi forma de trabajar y como me concibo como profesional y como persona, tiene que ver absolutamente por cómo me forjaron en el liceo. Sin duda alguna.”

“Me podía costar, podía ser difícil, podía tener frío, todo lo que te describí, pero pucha que yo era feliz de estudiar, a mí me encantaba ir a estudiar. Y me gustaba estar ese rato en el liceo, no era, hasta el momento en que que yo incluso miro hoy día y digo: loco, estábamos sufriendo. Estábamos haciendo facsímiles, estábamos estresadas por las notas. No importa, yo iba como tan feliz, era mi espacio, era mi lugar donde yo aprendo muchas cuestiones.”

“De verdad yo siento que los años en el liceo tienen eso, como ese elemento, ese gustillo por lo extremo también, de verdad que uno ahora lo revisita y dice: vivimos demasiadas cuestiones. Pero cosas hermosas también, ese peso de lo bello, de ir transformándose. Es muy muy bonito ese peso simbólico que tiene. Tiene una belleza especial, muy particular y yo creo que por eso dice todo esa atracción y ese vínculo tan fuerte con el liceo. No lo podría vivir de otra manera si no hubiese sido así.”

(Exestudiante, 1995-2000)

1908, Liceo 1, El Peneca
1908, Liceo 1, El Peneca