Liceo Miguel de Cervantes y Saavedra
El Liceo Miguel de Cervantes y Saavedra es un establecimiento mixto que ofrece educación científico-humanista de primero a cuarto medio. Fue fundado en 1933 por sacerdotes católicos, bajo el nombre de Instituto de Humanidades Miguel Millar. En 1991 pasó a ser administrado por la Municipalidad de Santiago, adoptando el nombre de Liceo A-18 Miguel de Cervantes y Saavedra. Su Proyecto Educativo Institucional promueve una institución inclusiva y participativa, priorizando el desarrollo personal, socioemocional, la inclusión y el liderazgo estudiantil. Busca formación integral y promoción social destacando competencias académicas, valóricas y emocionales. Sus sellos incluyen tradición emblemática, extensión curricular en deporte, cultura y arte, y sustentabilidad. La Municipalidad lo reconoce como una institución clave para la movilidad social e igualdad de oportunidades en la ciudad (Liceo Miguel de Cervantes y Saavedra, s.f.; Municipalidad de Santiago, s.f.).
Experiencias
De estudiante a profesor del Liceo
“Yo fui ex alumno del liceo que en ese tiempo se llamaba Liceo Cervantes
“Yo fui ex alumno del liceo que en ese tiempo se llamaba Liceo Cervantes, después cambió a Miguel de Cervantes. Liceo Cervantes, yo llegué a estudiar ahí en quinto básico, y de quinto estuve hasta cuarto medio. En ese tiempo el Cervantes era subvencionado particular, estaba ubicado en Agustinas 25 […] estaba entre Cueto y Gracias Reyes, ahí estaba la casa central. Después salí en el 80 yo del Cervantes, y bueno, estudié, me metí a estudiar pedagogía y cuando me titulé de pedagogo, de profe, busqué pega y entré al Cervantes cuando era subvencionado el año 88 a la parte de básica que estaba en la otra esquina. Y ahí entré a trabajar con los profesores que me hicieron clase en su época de básica.
Después el colegio Cervantes, por un tema de mal manejo de plata, pasó a manos de la Municipalidad de Santiago y de ahí se llamó Liceo Miguel de Cervantes y Saavedra. De ahí se dividió en dos, la básica y la media. La media estuvo ubicada un tiempo en García Reyes con la Alameda, antiguamente era un cuartel de la CNI, y ahora se trasladó en frente de la Universidad Diego Portales, la biblioteca en Vergara, la media”.
“Como ex alumno tengo bonitos recuerdos, tenía buenos compañeros y compañeras, el Cervantes de quinto a octavo era mixto y después al [inaudible] se le ocurrió que no y colocó separado a las mujeres de los hombres dos jornadas. Pero tuve una buena experiencia con buenos profesores, había harta disciplina y había mucho respeto. O sea, nadie faltaba el respeto a nadie, menos un profesor. Había que andar bien presentado, en ese tiempo era súper exigente con el corte de pelo e ir con corbata. En cuanto a mí, en cuanto a mi rol, en cuanto a cuando trabajé como profe en el Cervantes, fue bonito, porque, primero, encontrarme con profesores que me hicieron clases, uno era el inspector general. No, dos eran inspectores generales que me hicieron clases. Y fue una bonita experiencia porque yo fui profesor jefe de tercero, cuarto, quinto hasta octavo y fue una buena experiencia con los alumnos y los apoderados, había harta disciplina eran cursos numerosos, no había tanto inconveniente en cuanto al trato con los papás, no po, así que ahí fueron mis años de que me empecé a foguear como profe, fue memorable, no tengo malos recuerdos, tengo buenos recuerdos de los estudiantes y de los apoderados”.
“[Estuve] Hartos años [en el liceo], imagínate, salí el 80 de la media. Suma para atrás los 10 años de escolaridad, estamos hablando del 70 más o menos, y suma después los años que trabaje profe… no, estuve más de 20 años […] en la época que yo era estudiante, cuando yo pasé a ser profe, los alumnos eran totalmente diferentes, era toda otra época. En cuanto a la estructura física, sí, también, en el colegio yo estuve en un edificio antiguo de clase, y después pasó a un edificio más moderno, con tres pisos, donde eran cinco cursos por nivel. En cambio, cuando yo estaba en el Cervantes media, eran dos cursos o tres cursos por nivel, y era otra la dinámica. Cambió un poco la cosa”.
Asistencia al Liceo
“Yo vivía en [el] centro, en Rosas con Amunategui ...
“Yo vivía en [el] centro, en Rosas con Amunategui, para que te ubiques es donde está el Teatro Teletón, por ahí cerca. Por lo tanto tomaba micro, andaba en micro no más. Tomaba la micro en Catedral, me bajaba en García Reyes, caminaba a Agustinas y de vuelta tomaba la micro en Agustinas y me dejaba en Compañía con Amunátegui. En ese tiempo pasaban dos micros por Agustinas. Y no, me iba solo, no sé si en quinto me iban a dejar, desconozco, pero de sexto en adelante me iba solo y yo creo que en quinto también”.
Un día en el Liceo
“[Pasaban] harta materia. Los profes en esos años fumaban en clases ..
“[Pasaban] harta materia. Los profes en esos años fumaban en clases, eran estrictos y yo tenía el defecto de ser bueno para conversar, así que me llaman la atención cada cuantos minutos. Tenía compañeras que eran bien caperuza para los estudios. Me llevaba bien con ellas y con los compañeros. Yo, como era piti, me sentaban en adelante, no tengo un bonito recuerdo. Lo único que me marcó, un profesor de matemáticas que le decíamos el [inaudible], que obviamente tiene que haber muerto ya, hace muchos años. Estaba explicando, no me acuerdo qué materia en matemáticas, y yo no le entendí porque me costaba, y el profe me dijo “es que tu soy tonto”, me dijo “cómo no entendís” y yo [hace una onomatopeya] “cueck”… […] Yo fui marcado ahí, todavía me acuerdo de esa frase, marca. No fue muy bueno eso”.
“Yo aprendí la lección en el sentido que hay que tratar bien en general a las personas, los alumnos. Con los años uno va aprendiendo de que los niños aprenden de diferente manera. Yo ahora no hago clases, soy orientador acá en la escuela. El año pasado hice clases de historia en quinto para una evaluación docente y tuve buen trato con ellos en cuanto a los contenidos o darles las facilidades para que les vaya bien. O sea, el que sacó rojo era porque quería, pero nadie sacó rojo, a todos les fue bien”.
“En ese tiempo el Cervantes era como bien reconocido, no era un mal colegio. Mis compañeros eran todos de clase media. Muchos eran hijos de uniformados en ese tiempo. Los papás eran comprometidos con nosotros, asistían a las reuniones. Teníamos buenos profesores jefe en media […] yo tuve una buena experiencia, no tengo nada que decir. Fue un bonito paso por el Cervantes esos años. Cambió después radicalmente cuando pasó a ser de la muni. Ahí ya era otro colegio”.
“[En] la [enseñanza] media, en ese tiempo, nos llevaban al [edificio] Diego Portales, bueno, ahora se llama Gabriela Mistral […] El Diego Portales en ese tiempo lo usaba la Junta de Gobierno y nos llevaban para allá a todos, y más de alguna vez me tocó estar con el presidente de la época, que era Augusto Pinochet. No me acuerdo mucho sí, pero había algunos militares y nos llevaban. No me acuerdo el tipo de actividad, pero nos llevaban en más de alguna oportunidad en buses para allá […] Uno, como era cabro-adolescente, estábamos en el gobierno militar en esos años, uno no pensaba mucho uno. De repente no estaba como muy en la cosa política muy de moda ahora, ahí no se podía hablar mucho tampoco, pero era como algo entretenido. A nosotros nos gustaba que nos llevaran pa capear clases pos. Y había otra [oportunidad en] que nos llevaron al Estadio Nacional, a unos campeonatos deportivos que habían. Y nos ponían como de barra, con unos cartones”.
Un día en el Liceo
“[Pasaban] harta materia. Los profes en esos años fumaban en clases
“[Pasaban] harta materia. Los profes en esos años fumaban en clases, eran estrictos y yo tenía el defecto de ser bueno para conversar, así que me llaman la atención cada cuantos minutos. Tenía compañeras que eran bien caperuza para los estudios. Me llevaba bien con ellas y con los compañeros. Yo, como era piti, me sentaban en adelante, no tengo un bonito recuerdo. Lo único que me marcó, un profesor de matemáticas que le decíamos el [inaudible], que obviamente tiene que haber muerto ya, hace muchos años. Estaba explicando, no me acuerdo qué materia en matemáticas, y yo no le entendí porque me costaba, y el profe me dijo “es que tu soy tonto”, me dijo “cómo no entendís” y yo [hace una onomatopeya] “cueck”… […] Yo fui marcado ahí, todavía me acuerdo de esa frase, marca. No fue muy bueno eso”.
“Yo aprendí la lección en el sentido que hay que tratar bien en general a las personas, los alumnos. Con los años uno va aprendiendo de que los niños aprenden de diferente manera. Yo ahora no hago clases, soy orientador acá en la escuela. El año pasado hice clases de historia en quinto para una evaluación docente y tuve buen trato con ellos en cuanto a los contenidos o darles las facilidades para que les vaya bien. O sea, el que sacó rojo era porque quería, pero nadie sacó rojo, a todos les fue bien”.
“En ese tiempo el Cervantes era como bien reconocido, no era un mal colegio. Mis compañeros eran todos de clase media. Muchos eran hijos de uniformados en ese tiempo. Los papás eran comprometidos con nosotros, asistían a las reuniones. Teníamos buenos profesores jefe en media […] yo tuve una buena experiencia, no tengo nada que decir. Fue un bonito paso por el Cervantes esos años. Cambió después radicalmente cuando pasó a ser de la muni. Ahí ya era otro colegio”.
“[En] la [enseñanza] media, en ese tiempo, nos llevaban al [edificio] Diego Portales, bueno, ahora se llama Gabriela Mistral […] El Diego Portales en ese tiempo lo usaba la Junta de Gobierno y nos llevaban para allá a todos, y más de alguna vez me tocó estar con el presidente de la época, que era Augusto Pinochet. No me acuerdo mucho sí, pero había algunos militares y nos llevaban. No me acuerdo el tipo de actividad, pero nos llevaban en más de alguna oportunidad en buses para allá […] Uno, como era cabro-adolescente, estábamos en el gobierno militar en esos años, uno no pensaba mucho uno. De repente no estaba como muy en la cosa política muy de moda ahora, ahí no se podía hablar mucho tampoco, pero era como algo entretenido. A nosotros nos gustaba que nos llevaran pa capear clases pos. Y había otra [oportunidad en] que nos llevaron al Estadio Nacional, a unos campeonatos deportivos que habían. Y nos ponían como de barra, con unos cartones”.
La experiencia escolar en dictadura
“[…] En el colegio no se hablaba mucho de política.
“[…] En el colegio no se hablaba mucho de política. Por un tema que estaba viviendo el momento del país, y porque adentro de los profesores, inspectores, habían unos que habían sido jubilados las Fuerzas Armadas. Y después, a los años, supe que algunos también trabajaban en la CNI también. Entonces, no, no era un tema que dáramos en medio mucho […] cuando fue el golpe militar, yo tenía 11 años. Por lo tanto, viví todo lo que son las… ¿Cómo se llama? La [inaudible], el carné, uno andaba en la cola del arroz, la cola del aceite [inaudible]. Después seguí creciendo, estudié pedagogía. Después, con el gobierno militar, se empezó a dar cuenta de más cosas uno. Cosas con las que estaba de acuerdo y cosas con las que no estaba de acuerdo. Hay cosas que siempre he pensado que no por pensar diferente uno mata a otra persona. Por lo tanto, uno con los años va adquiriendo más madurez y va viendo otras cosas que antes no veía. Pero viví muy de cerca yo el bombardeo de La Moneda, porque yo vivía a pasos de La Moneda, vivía como a cinco cuadras, por lo tanto los balazos los escuchaba”.
“El liceo era grande. Eran salas grandes, más o menos cómodas, ventiladas, buena iluminación, y limpio, era muy ordenado […] El colegio contaba con 3 patios, un patio grande que es donde hacíamos educación física, un patio chico que era el patio en que nos formábamos todos los lunes a cantar el himno. Y un patio intermedio. Tenía espacio para moverse harto […] viví una buena experiencia y me hice varios amigos, tengo un amigo que, 50 años ya, somos de la básica y todavía nos visitamos […] Nos conocimos en quinto, bueno, no, él llegó después. Yo estuve en quinto, y llegó como en sexto creo, pero de ahí nos hicimos amigos […] una bonita amistad. Políticamente los dos pensamos diferente, pero tenemos un buen tema de conversación, porque él es muy buen lector, sobre todo maneja muy bien temas de historia de Chile, así que ahí nos entretenemos. El 18 lo pase con él en su parcela en San Vicente […] A él le decían pipeño, ¿por qué? Fiesta que había, lo curaban… y una vez lo sacaron, estábamos en los camarines, en Educación física, y lo tiramos pa afuera en pelota, desnudo, ahí en Compañía… tallas que pasan. Éramos pesados de repente”.
“En media, [pasó] una tontera con el profe Vera, el profesor jefe. Estaba haciendo clase de historia, y como yo era piti, me sentaba adelante. Y él dijo “silencio”, de una forma bien especial… y no sé si ya has escuchado una canción del Puma Rodríguez que dice “Silencio”. Yo me puse a cantar el tema “Silencio” y me dijo “Alfaro fuera”. Me tuve que ir para afuera. No sé si me anotó en el libro, no me acuerdo, y no me acuerdo si me citó al apoderado. Pero todos los compañeros, muertos de la risa. Esa fue cómica… pero una fome: en media también, me acuerdo, debe haber sido en tercero medio, cuarto medio, segundo o primero, no me acuerdo, estábamos en una prueba de ciencias naturales o biología, y en ese tiempo las pruebas se hacían en roneo […] Son unas cuestiones que tu picabas, la máquina escribía y después los pasaban a una cuestión con tinta negra y sacaba varias copias. Y con el tipo que imprimía las pruebas nos conseguimos la prueba, la matriz, y no sé por que llegó a mis manos la prueba, y yo la tenía debajo del puesto. Y el profe, con actitud sospechosa me vio. “A ver”, dijo. “¿Alfaro qué tienes abajo?”. Y me ve la prueba, ¡Ah, la prueba suspendida! Mis compañeros casi me crucifican, no voy a decir garabatos, pero me dijeron unas cosas… uy, no, olvídate, el profe cambió la prueba, hicimos todo de nuevo… la hizo, no sé, una semana después, pero quedó la embarrada, lo más probable es que me anotaron al libro, pero son cosas que pasan, de pajarón”.
“En básica había un compañero [nombre inaudible] que anotaba. El profe de turno o la inspectora le decían “usted se queda a cargo del curso”, y él se quedaba anotando. Y tú, de repente, haces así [hace un movimiento] y te anotaba. Pero no, eran temas medios domésticos, pero nunca me anotaron tanto en el libro”
“Tenía una profesora que hacía artes prácticas, no me acuerdo el nombre, pero conmigo fue muy diferente en cuanto a las notas, en cuanto al trato, conversaba con uno, te apoyaba harto”
“Historia me gustaba, Lenguaje. No me gustaba matemáticas ni Física […] en Historia te hacían, me acuerdo que me hicieron hacer un planisferio, así como ese (apunta detrás del entrevistador hacia un mapa del mundo en una pizarra), grande en papel diamante y tenían que aprenderse las capitales de todos los países […] entonces era una locura. En ese tiempo era mucha memoria eso de aprenderse las capitales. Yo a un cabro chico hoy en día no le diría “oiga vea el mapa y mañana yo lo interrogó sobre las capitales de todo el mundo”. No lo puede ni hacer”.
La educación en la actualidad
“[La educación] ha cambiado, la idea es que los estudiantes, más que de memoria ...
“[La educación] ha cambiado, la idea es que los estudiantes, más que de memoria, ellos puedan interpretar, analizar, inferir, conversar sobre un tema, y lo puedan entender. A mí no, la memoria no me sirve, la memoria es frágil, muy frágil, por eso cuando hice Historia el año pasado mi interés es que entiendan el proceso […] Yo me entretuve harto con los chiquillos en básica, en tiempos pasados, porque los chiquillos eran dedicados, también los de ahora les cuesta mucho. Acá el año pasado habían muchos alumnos con problemas de aprendizaje, entonces cuesta. Yo cuando hacía clases años atrás no había tantos problemas la comprensión lectora estaba mejor. Los chiquillos trabajaban, tenían metodología, eran más disciplinados. Si tú le pedías un material, lo traían, ahora cuesta. Por ejemplo, ahora pedirle papel diamante a los niños, hay que ver bien el caso, porque es caro. Se le puede pedir de acuerdo a las condiciones y todo el cuento. Antes tú pedías y los cabros llegaban con las cosas. Yo tuve experiencias muy simpáticas en el Cervantes […] estábamos viendo artes rupestres y, como no teníamos una cueva, les dije: “vamos a pintar una roca, o sea, lo que ustedes tienen que hacer… no me traigan un pincel, los prehistóricos no usaban pinceles como los que usamos ahora. Ustedes, con un palito o una rama, si tienen un gato o un perro, le cortan pelo, pero no vayan a dejar pelado al perro, le sacan, ahí y ahí hacen el pincel” les dije, “porque los prehistóricos lo hacían con pelos de animales” les dije, “y me traen una roca” tamaño de la mano, les dije. Después estábamos en la clase, en quinto creo, y de repente hay un paquete en mi mesa, grande, y todos sacaron la roca y pregunté de quién era ese paquete… “no, ese es mío profe” dice uno. “Lo que usted pidió” […] y todos los cabros chicos se mataron a reír. Le dije “¿Pero cómo?”. “No, mi mamá me ayudó a traerla” dijo. Le dije, “pero cómo vas a venir con una roca así en la micro si yo te pedí una roca chica”. Después tuve que llamar al apoderado para explicarle, “no, yo no pedí”, le dije “discúlpeme y después la deja aquí esa roca no la va llevar pa la casa”. Bueno, cuento corto, después pintamos y trabajamos con las rocas y fue algo bien simpático”.
“[…] Me sacaban siempre para recitar para el 21 de mayo y para bailar cueca para el 18 de septiembre; por ahí hay unas fotos […] Era inquieto y mi mamá me mandaba bien abrigado, bien peinado. En ese tiempo no usábamos cotona, usábamos mameluco con cierre y me incomodaba andar con esa cuestión, porque claro, va encima de la ropa eso, y en el verano peor todavía. Entonces era incómodo. Pero tuve una buena experiencia. En ese tiempo jugábamos con los compañeros a juntar monitos. Eso no te lo conté. Yo coleccionaba muchos álbumes, láminas. No se pegaban como ahora, ahora son auto adhesivas, en ese tiempo las pegabas con goma. Y participé en varios concursos de lámina. En la radio Portales, y participé en Sábado Gigante, con el álbum ‘Zoo color’, que era un álbum que tenía que ver con los animales por diferente zona geográfica”.
Exestudiante, década de 1970