Liceo N° 4 Bicentenario Isaura Dinator

El Liceo N° 4 Isaura Dinator fue fundado en 1094 como anexo al Liceo de Aplicación del Instituto Pedagógico. En 1927, bajo la dirección de Marta Sudy, el liceo se independizó administrativamente, pasando a llamarse Liceo de Niñas N° 2. Durante la década de 1980 el liceo pasó a ser administrado por la Ilustre Municipalidad de Santiago. Desde entonces, se denomina Liceo A-4 Isaura Dinator de Guzmán. El año 2022, el Liceo pasó a formar parte del Programa Liceos Bicentenario de Excelencia. En la actualidad, el liceo tiene como norte reposicionarse como un referente de la educación pública, comprometido con la formación integral de sus estudiantes y el desarrollo de una sociedad más justa e inclusiva.

Experiencias

De la escuela al liceo

“Me acuerdo de haber sido muy pequeña, no me acuerdo el nombre ...

“Me acuerdo de haber sido muy pequeña, no me acuerdo el nombre, era una escuelita que se llamaba Noruega, creo. Yo entré a esa escuela en 2do año básico, me ingresaron a 2do año básico porque mi mamá me había enseñado a leer y escribir en la casa, entonces cuando fui a dar el examen en el colegio me pusieron en 2do porque consideraron que primer año era perder el año, si yo ya tenía los conocimientos para estar en el año siguiente. Posterior a eso mi mamá me cambió a otro colegio, una escuela más grande que era la escuela 29 de niñas, donde estudié de 4to básico hasta el 6to. Una escuela básica como todas las escuelas básicas de antes, que yo las encuentro que eran bastante distintas a lo que son ahora, partiendo de la base que ahora estamos en una era digital/tecnológica donde todos tienen mucho acceso a los equipos. En los recreos se jugaba, uno esperaba el recreo para salir a jugar, a saltar la cuerda, a pillarse. Teníamos muchos juegos, era muy entretenido. Me acuerdo de niña que se formaban lazos con las amiguitas, yo estudiaba en colegio de niñas. Siempre estudié en colegios de niñas, nunca estuve en colegio mixto, no tuve esa experiencia. Después de salir de 6to básico me fui al Liceo n°2 de niñas, ahora es el 4. Estudié desde 7mo básico hasta 4to año medio. También un liceo de niñas (risa), entonces seguimos con la misma temática”. 

El traslado hacia el liceo

“La verdad es que lo que te puedo contar de mi experiencia ...

“La verdad es que lo que te puedo contar de mi experiencia, mi experiencia fue muy bonita, de hecho yo hace 50 años que egresé de la enseñanza media y todavía nos juntamos con nuestras compañeras del liceo. Imagínate cada una con su bagaje de vida, pero todavía nos juntamos básicamente a conversar todas las anécdotas y experiencias que vivimos en el liceo, que fueron super simpáticas… porque como niñas éramos traviesas, hicimos algunas maldades. Y con respecto a la educación en sí, yo te digo que yo rescato de la educación que yo recibí, el respeto que había entre los alumnos y los profesores, respeto que ahora no se da. En los colegios no había peleas, los niños no iban armados, yo te puedo decir que jamás vi una pelea de dos alumnos por cualquier razón que sea, jamás, ni dentro ni fuera del liceo, eran otros tiempos. No sé, de verdad que a mí me asusta cómo está la educación hoy en día”. 

“Te voy a contar una anécdota: yo vivía al principio, de cuando recién entré al liceo, vivía en Buin, y el liceo estaba en Santiago. Mi papá trabajaba en Ferrocarril, entonces nosotros vivíamos en la Estación de Buin, en la estación ferroviaria de Buin. Y yo para venir al colegio me podía venir en tren. Yo entraba a clases en la tarde, entraba como a las 2 de la tarde y el tren pasaba como a las 12, pero era ese tren que para en todas las estación. O sea paraba en Buin, Linderos, San Bernardo, todas las estaciones. Entonces llegaba a Santiago como un cuarto para las una más o menos. Entonces me daba un buen margen, porque Estación Central estaba a tres cuadras de mi liceo. Me podía ir caminando tranquilamente y llegaba feliz. Pero el problema era que el tren normalmente pasaba atrasado. Si el tren no pasaba, yo tenía que caminar hacia la carretera, que eran como cinco o seis cuadras más o menos para tomar la micro que venía de Paine, de por allá, y llegaba a la Plaza Bulnes de Santiago. Y de ahí tenía que tomar otra micro hacia mi liceo. ¿Qué pasaba? Que yo normalmente llegaba atrasada, porque obviamente en todo eso, que esperar la micro, que llegar a Santiago, que tomar otra micro, obviamente no alcanzaba a llegar, entonces o llegaba raspando a las dos, o llegaba atrasada. Me acuerdo que llegaba, entraba, y la inspectora… típico, estaba ahí parando a todos los que vienen atrasados, y yo miraba, eran unos pasillos largos, y en cuanto la inspectora se daba la vuelta yo “fium” [hace referencia a pasar corriendo a espaldas de la inspectora]. Entonces, para que no me anotaran el atraso, porque los atrasos significaban menos puntaje, no sé, había problemas por los atrasos. Era porque yo vivía tan lejos, y no me quise cambiar de colegio. Yo le dije a mi mamá que no me quería cambiar de colegio, que quería estudiar en Santiago y que iba a seguir en mi liceo. Y fue muy simpática esa época, porque como el tren pasaba frente a mi casa, así, yo salía y estaba la línea del tren. Entonces el maquinista, el sabía que yo venía a Santiago a clases, y cuando pasaba y no me veía en la Estación, pasaba por mi casa y me tocaba la campana (se ríe)”.

“A la vuelta yo me tenía que ir hasta la Estación a buscar a mi papá, mi papá trabajaba en la Estación Central, para irme con él en el tren de vuelta a Buin, ese era más o menos mi viaje, mi día cuando nosotros vivíamos en Buin. Después nos cambiamos a Santiago, ya ahí cambió el sistema de trasladarse, fué diferente, me tocó la época de los buses escolares del gobierno. Me parece que era la época de Allende, cuando habían unos buses escolares totalmente gratuitos, para diferentes lados. Entonces los buses a veces venían de otro colegio, o a veces salían de tu mismo colegio, eran unos buses grandes que eran de la compañía de transporte, la CTC, buses antiguos, grandes, iban llenos de chiquillos. Porque en ese entonces tampoco se usaba mucho el sistema de transporte privado de alumnos, no existían los transportistas que te llevan al colegio, además que la economía era diferente, no teníamos tanto acceso a tantas cosas, no había tanto dinero, los trabajos eran diferentes. Ahora cualquiera tiene teléfono, cualquiera le pagan el furgón, antes no era así, nosotros andábamos en buses escolares gratis, del gobierno. Yo te digo que yo tuve muy buenas experiencias con todos esos servicios, no te puedo decir que fue malo, que me pasó algo, nunca nada, yo lo encontraba super seguro. Si se me pasaba el bus era una tragedia, porque tenía que irme en la micro llena de gente donde te apretaban, te manoseaban en ese tiempo. Era muy común que, a las niñas sobre todo, que usábamos el famoso jumper, en las micros nos manoseaban. De hecho, uno tenía que usar algunos truquitos, como andar con gancho, de esos ganchos de ropa, que se usan para afirmar cosas y cuando alguien se me ponía detrás yo lo pinchaba, porque era típico que te buscaban para manosear, era espantoso […] Después del golpe [de Estado] se acabó este sistema de buses y teníamos que viajar obligadamente en locomoción colectiva. Y sufrimos maltrato de los choferes también, te tiraban las monedas, no te dejaban subir, te trataban mal, te decían groserías, no te paraban. De hecho dentro de mis recuerdos me acuerdo de un vecino joven, un poquito mayor que yo, nos íbamos juntos hacia el paradero de la locomoción a tomar la micro; él se bajaba antes porque estaba en otro colegio, y yo me acuerdo que esa micro salía de ahí, esa era su terminal. Entonces nos íbamos ahí para podernos subir, sino la micro iba llena y no podíamos. Hubo un día que yo no fuí, salí más tarde, y él se fue sólo, cuando volví a la hora de almuerzo, porque ahora iba en la mañana [se refiere al colegio], mi mamá me dice “sabes que, te tengo una mala noticia”. Sí le digo, “¿qué pasó?”. “José Luis parece que se llamaba, [pausa], José Luis murió, se cayó de la micro esta mañana”. Y yo quedé así [se tapa la cara expresando sorpresa]. Claro, seguramente cuando él iba conmigo, él no se subía con la micro llena, se subía conmigo, entonces quedábamos arriba de la micro. Pero ese día fue solo, se subió en la micro en la puerta, entonces decían que se iba colgando… No sé si tu alguna vez viste esas micros antiguas cuando la gente iba colgando en las puertas, entonces parece que ese chico se subió así, de esa forma, colgando, y se cayó y le pasó la micro”. 

“Ese tipo de cosas, todo era más al lote, no había cuidado. Ahora las micros no parten si no llevan las puertas cerradas; antes no, la gente viajaba como podía, y eso incluía a todos, todos los que teníamos que viajar, estudiantes, trabajadores, todo el mundo. No sé si sería por una falta de locomoción, o sería porque la forma de ser de la gente era distinta, ahora se cuida más el hecho de cuidar más la vida”. 

La vida en el liceo

“También tengo un recuerdo de los colegios básicos ...

“También tengo un recuerdo de los colegios básicos de antes, habían comedores y a tí te daban leche, te daban desayuno, todo y era obligatorio. Y la leche a mí no me gustaba, te obligaban a tomar ese famoso desayuno, y a mí en la casa me daban desayuno, mi mamá me daba desayuno, me mandaba con mi colación, y aun asi me obligaban en el colegio a ir al famoso desayuno de la leche con galletas. Una leche que a veces se les quemaba y entonces la leche estaba ahumada, otras veces no, pero el sabor de la leche era horrible, para mi era tan terrible. Todas teníamos un jarrito, tenías que ir con tu jarrito. Y yo lo que hacía era que buscaba una compañera que sabía que no tenían mucho en la casa, y yo le ofrecía mi desayuno, cosa de yo no tomarme la leche se la daba a otra persona, que bueno en el fondo la necesitaba más que yo, pero era por el sabor. También habían comedores donde te daban almuerzo, yo me arrancaba todos los días del almuerzo [risas]. Nunca me gustó, y si me obligaban a ir también regalaba el almuerzo, también hacía lo mismo, me quedaba y esperaba a que alguien terminara y le preguntaba “¿quieres?”.”

“En el liceo, hacíamos maldades. Si no queríamos tener clases de inglés, por ejemplo. Una vez escondimos el libro y nos escondimos todas, todo el curso en el baño, y llegó la profesora y no había nadie. Nosotras mirando [desde el] baño hasta que vimos que la profe salió. Fue a buscar el libro y no lo encontró, entonces se fue. Para qué te digo, nos conseguimos una buena retada, una llamada a los apoderados y después vino hasta la directora. “Que quién había sido la que se había robado el libro, donde estábamos y quién fué la cabecilla de la broma, tienen que decir porque sino se van a ir todas suspendidas”. Y nosotras ya nos habíamos puesto de acuerdo, aquí o todas, o ninguna, porque a todas obviamente no nos iban a suspender, pero si había alguna, a alguien le iba a caer. Entonces la directora dijo: “ya, parece quién fué”. Y ahí estábamos, fuimos todas, no nos sacaron de ahí y no nos suspendieron obviamente… hacíamos ese tipo de bromas, eran maldades igual, pero eran super sanas, no le hacíamos daño a las personas, siempre pensando en reírnos, en pasar el rato, en sacarle la vuelta a la clase”.

Ser alumna en dictadura

“Creo que nosotros veíamos el colegio como la segunda casa ...

“Creo que nosotros veíamos el colegio como la segunda casa, era como nuestro segundo hogar, llegar al colegio y estar en un refugio, en un lugar protegido. De hecho tengo muy marcado el 11 de septiembre del 73, porque yo estaba en el colegio, estaba en clases cuando llegaron los milicos, llegaron con metralletas dentro del colegio a sacarnos en clases. Niñas, chicas, ¿qué podríamos haber hecho nosotras? Fue súper duro, mucho miedo, mucho susto, imagínate que llegan estos hombres gritando, como son ellos, todos pintados, traían la cara pintada, con unos brazaletes en el brazo y con metralletas, y dentro del colegio nos hacían pasar por una hilera de milicos, era terrible. Nos dijeron “niñas tienen que irse”. Y se empezaron a escuchar estas bombas, una niña andaba con una radio, no sé porque, en ese tiempo tener una radio era especial, era una radio chiquita, una radio a pilas que había antes y ella empezó a escuchar, de ahí supimos nosotras que había un golpe de Estado y que a La Moneda la estaban bombardeando. Como te digo, llegaron los milicos a sacarnos, fue todo muy simultáneo. “Ya niñas hay que irse, tomen sus cosas y derechito para la casa, no se vayan a ningún lado, tengan cuidado”. Los profesores tampoco podían decir mucho más, yo estaba muy asustada porque empezamos a escuchar que en la Estación también estaban [los militares]… bueno, estaban por todas partes y nosotras estábamos muy cerca de la Universidad de Santiago y de Estación Central. Empezó a quedar en todos lados la “pelotera”, y yo en un momento pensé en ir a buscar a mi papá, después dije no. Y me fui para la casa, muy asustados yo me acuerdo, no pasaban muchas micros, lleno de milicos, lleno de camiones, y todos los milicos así como en guerra. ¿Guerra de dónde? Si eran ellos los únicos que tenían armas, esa fue mi experiencia de ese momento, pasé mucho susto, mucho miedo […] Fue terrible, si es cierto, habían protestas, como han habido siempre, había descontento, como lo ha habido siempre, unos de un lado y otros del otro. Normalmente tú sabes que los que tienen más y tienen más poder, tienen más acceso a todo. Pero bueno, hablando de la educación, lo que se vio después fue distinto, cambió el currículum especialmente en historia, la historia de Chile […] En el sentido de que empezaron a recalcar o hacer relucir más todo lo que tenga que ver con el Ejército, con las guerras y con el 21 de mayo, con ese tipo de cosas que siempre, siempre se nos enseñó de chicos, pero después se le dió un giro a la tuerca. Todas esas cosas de historia antes se enseñaban como todo lo demás. Pero en cambio, después del 11, se notó como un cambio, una interpretación diferente de los hechos, resaltando más a O’Higgins por ejemplo, resaltar más todo lo que fue la gesta del 21 de mayo, hablar más de presidentes marcadamente de derecha, como que taparon algunos, y sobrevaloran a otros. Ese fue el giro en Historia, y bueno, los profesores de historia que teníamos antes, casi todos desaparecidos, son detenidos desaparecidos […] [La idea era] meterte más la ideología de ellos, meterte más el cuento de Estados Unidos, de que los eran los malos, ese tipo de cosas que la verdad. Yo entiendo que era por programa, no era culpa de los profesores, era culpa de los programas que venían del gobierno en ese momento, porque eran escuelas públicas, yo estudié en liceo público. Entonces claro, tienen que seguir los dictámenes que vienen del Ministerio, y del Ministerio venía esa orden, enseñar las cosas diferente”. 

“[…] en ese entonces no se hablaba del tema, porque existía el temor de que cualquiera te podía denunciar, porque si tú hablabas en contra, si no eras de ellos, eras comunista. Así de simple, o eras o no eras. Si no eras, eras comunista, y si eras comunista te mataban. Entonces en ese momento, después del 11, nosotros tuvimos que ponernos una venda y una mordaza, no podíamos hablar, estaba todo tapado, en la televisión era puro show, fútbol, pero de política no se hablaba, no se podía hablar. Porque tú no sabías si el que estaba sentado al lado tuyo o el que iba caminando por la calle era un soplón, y si tu decías que yo no estoy de acuerdo, al otro día, desaparecido. Así lo vivimos, en el colegio y en la vida normal, con los vecinos, en la locomoción colectiva, tú no hablabas con las personas, no conversamos con nadie que no conocieras, osea conversamos, pero jamás decías “yo no estoy de acuerdo, a mi no me gusta”, eso no lo podías decir”. 

“[…] el colegio siguió siendo un lugar seguro en el sentido de que nosotras tratábamos de no involucrarnos en el tema, de mantener lo que nos decían, si no había que hablar, no se hacía. De hecho, después de muchos años me enteré de las ideas políticas de mis amigas. Yo en ese momento no sabía, porque no podíamos hablar, era una cosa que tú la tenías muy internalizada. Era tu seguridad, no eran tus ideas, tu tenías tus ideas, pero era tu seguridad primero. Entonces cuando se hizo la famosa consulta, la primera consulta que fue un fraude, uno iba y tenías que ir calladito no más. Tú sabías que es lo que ibas a poner en el voto, pero tú no podías decir nada. Sabes qué, yo te digo que para mí fue un fraude, porque yo lo ví, yo ví que la persona que recibió mi voto lo marcó, y yo había puesto que no”. 

“Me daba mucha rabia la injusticia, sentía mucha rabia por no poder expresarte, por no poder ayudar más, porque todos conocíamos a gente que estaba detenida, todos teníamos a alguien, y también todos teníamos gente que estaba en el [inaudible], Entonces en ese punto tú te sentías como navegando en dos aguas, tenías que tener cuidado con quién estabas un día, con quién estabas al otro. Porque como te digo, uno trataba de no hablar de ese tema, porque no tenías seguridad de con quién estabas hablando, no sabías. Eso, en ese tiempo era peludo, te podía costar la vida, entonces vivimos con mucho miedo, con mucha rabia, soportando, esperando que algún día [pausa, no termina la frase]. Nos reprimieron en todo sentido”. 

“[…] no habían debates, porque no te permitían tener ideas, tú no podías tener tus propias ideas, tú no podías pensar diferente, era muy cerrado todo, muy cuadrado. A mí me tocó vivir la educación en los dos períodos, antes [del golpe de Estado] y después. Bueno y también empezaron con el tema de las vestimentas… nosotros normalmente usábamos esos jumper azul, típico con la blusa blanca, y me acuerdo que nos permitían usar pantalones en invierno, pantalones azules por el frío, porque el vestido era muy delgadito y pasaba frío. Y cuando pasó esto, nos prohibieron usar pantalones en el colegio, teníamos que usar vestido hiciera el frío que hiciera. Por eso te digo, fue una represión por todas partes, hasta en eso, y los vestidos tenían que ser hasta la rodilla. Entonces imaginate, chiquillas de catorce o quince años con unos vestidos de abuela, era represivo, no te dejaban ser, se perdía la libertad de todo. A los muchachos los pillaban con el pelo largo en la calle y los pelaban. Para qué te digo en ese tiempo los homosexuales, ni decir, era poco menos un pecado mortal. Entonces que fueran a pillar a un chico que tuviera esa tendencia, primero lo llevaban preso, lo sometían a mil vejámenes, si es que lo dejaban vivo. No había libertad para ese tipo de casos, bueno mujeres y hombres, con este tipo de tendencias distintas, pensamientos diferentes […] los chicos tenían que ir con corbata, no podían ir al colegio con poleras por ejemplo, tiene que ser con su chaqueta, su camisa y su corbata, el código de vestimenta era super estricto”. 

“Yo siento orgullo de mi colegio, me formó, me educó y me dio las herramientas necesarias para ser lo que soy ahora. Yo en el momento en que postulé a la educación superior, no quedé en la universidad. En ese entonces no era como ahora, eran solo las universidades como la Católica, la Chile, la de Santiago. Eran tres o cuatro universidades y no eran más. A mí no me dio el puntaje para lo que yo quería, yo quería estudiar leyes, y no tuve el puntaje, no había la posibilidad de pagar como ahora universidades privadas, y de alguna forma hoy es un poquito más sencillo entrar, no es como que te exijan esos puntajes tan altos, antes se quedaba la mitad afuera nomás. En ese entonces no pude estudiar. Ahí también es una parte mía, privada, mis papás tampoco tenían para mandarme a estudiar. Fue una dicotomía que me pasó al final y que me di cuenta después, a mi siempre me inculcaron que tenía que estudiar, tenía que terminar la enseñanza media. Mis papás ninguno de los dos tenía enseñanza media, habían llegado hasta la enseñanza básica. No habían tenido posibilidades de seguir estudiando porque antiguamente las cosas eran diferentes, eran más pobres, otras condiciones. Yo tuve la oportunidad, ellos me dieron la oportunidad hasta la enseñanza media, pero ellos no tenían ninguna idea ni tampoco ningún interés en que yo siguiera estudiando. Yo eso lo supe después, después me di cuenta, porque yo tenía muchas ganas de seguir estudiando, de tener una carrera universitaria, y cuando no quedé en la universidad mi mamá me dijo “vas a tener que entrar a trabajar nomas”. Pero yo quería estudiar, le decía que a lo mejor podía dar la prueba de nuevo el otro año, y me dijo: “yo no tengo para mantenerte sin trabajar, entonces tienes que trabajar”. De alguna forma, me vi obligada a ir a trabajar. Para mí fue muy terrible, muy doloroso y muy difícil porque era muy jovencita.  Yo salí a los 16 años, y tenía buenas notas más encima. Y claro, además inmadura, porque a los 16 años me faltaba toda la vida por delante, y bueno, me tuve que dedicar a trabajar, hice un curso de digitación y me puse a trabajar. Por ahí apareció mi marido, mi pololo de ese entonces, y él sí había entrado a la universidad, estudió ingeniería civil en obras civiles, nos pusimos a pololear, él estudiaba y yo trabajaba. Y después, cuando ya nos comprometimos, me dijo: “cuando yo termine de estudiar, vas a estudiar tú”. Y me cumplió la palabra, yo soy administradora de empresas ahora, pude estudiar y cumplí mis sueños en el fondo, no estudié lo que quería pero me gustó mi carrera e igual lo cumplí”. 

“[…] darse cuenta de que muchos profesores no estaban, que los tomaron detenidos y no aparecieron. La cantidad de alumnas que éramos en ese entonces, cuando yo entré a la enseñanza media, en primer año medio había hasta primer año medio T. Imagínate la cantidad de niñas que eran, pensando que los cursos eran aproximadamente de treinta y cinco a cuarenta alumnos. Te estoy hablando de veinte y tantos cursos, era una brutalidad, y eso se fué reduciendo cuando ya íbamos en cuarto [medio]… de las cuarenta y dos que éramos al principio, nosotras egresamos veinte o veintiuno. En el camino se fueron quedando, porque se cambiaron de colegio, de casa y se fueron del liceo, o porque quedan repitiendo y se fueron quedando en el camino […] yo quiero a mi colegio, es mi segunda casa. [Estoy] muy agradecida de la educación pública, porque nosotros sí fuimos educación pública, gente que venía desde abajo y gracias al esfuerzo de cada uno. La mayoría de nosotras salió adelante, hay muchas que son profesionales universitarias, estudiaron, salieron, tienen una buena vida. Nadie se quedó atrás a pesar de todas las carencias, porque nosotros sufrimos muchas carencias, económicas básicamente”. 

Exestudiante, 1970-1975

“[…] Yo estaba haciendo un reemplazo, recién había salido de la universidad […] en el liceo 8.

“[…] Yo estaba haciendo un reemplazo, recién había salido de la universidad […] en el liceo 8. Un reemplazo que empezó en octubre y terminó en diciembre. Pero esta persona jubiló, entonces quedó la vacante. Y… de ahí me enviaron al liceo 4. Y justo vino todo este… esta municipalización, donde a la gente la trasladaron para distintas partes, por eso llegué al liceo cuatro [en marzo de 1986]. Yo creo que tiene que haber sido porque yo vivía aquí en Las Rejas con la Alameda. O sea, era el colegio que me quedaba más cerca. Llegué ahí con treinta horas, siempre tuve treinta horas. Y ahí me formé, pues, ahí empecé a ejercer mi profesión, digamos, era un colegio grandísimo. Yo le hacía a la letra O, a los terceros O, cuartos O, les hacía clases a veces. Cursos con cuarenta y ocho alumnos, alumnas, porque es un colegio de mujeres. Así que ahí fue, digamos, fue muy motivador para mí porque empecé a realizarme profesionalmente [como] Profesora de Filosofía”. 

“Porque en esa época había jornada única. Claro, había jornada única. Así que fue ideal para mí, digamos, como mamá. Porque mientras yo trabajaba, mis hijos estudiaban y no los descuidé en las tardes porque estaba con ellos”.

“Había otro tipo de alumnado. Entonces, las chicas eran muy estudiosas, respetuosas, tenían ganas de estudiar, pues, tenían, tenían motivación por estudiar. Entonces, no… Gran problema no había. Y esos eran cursos con cuarenta y ocho niñas (…) Ahora, con relación a los profesores, había un buen ambiente al comienzo. Lo que sí, en esa época había lo que se llamaban las vacas sagradas […] cuando tú llegabas no te podías sentar en cualquier mesa ni en cualquier silla, porque los puestos estaban nominados […] Yo encuentro que me acogieron bien, ¿ya? Me acogieron como hija, diría yo […] Yo llegué embarazada […] [de] Tres meses […] Y mi guagua nació en diciembre. Justo en ese año fue la, la venida del Papa. Y nosotros estábamos ahí en primera fila en el colegio, así que yo ahí estaba con mi guagua recién nacida, mirando cómo pasaba el Papa”

“[…] todas las personas que estaban, digamos, en UTP, en Orientación, eran, eran gentes antiguas que habían sido profesoras y después pasaban a ser inspectoras y después pasaban a ser directoras. Entonces, como que conocían todo el teje y maneje de un colegio tan grande, porque para tener hasta la letra O, imagínate, como te comentaba, cada sala con más de cuarenta alumnos. Ese colegio tiene un patio con primer y segundo piso […] [había] buena infraestructura, en el sentido que es sólida, de cemento, puertas antiguas de madera”. 

“Ahí estuve veintiséis años […] eso terminó por una gran toma del 2011, que hubo un movimiento estudiantil muy grande y la matrícula se redujo de mil cuatrocientas y tantas a doscientas ochenta y dos estudiantes. Entonces muchos profesores tuvimos que emigrar a otros colegios. La municipalidad nos mandó a otros colegios”.

“Cuando llegué yo allá al colegio pasaron unos cuatro o cinco años donde el alumnado fue cambiando. Eh, empezamos a tener chicas no con tanto interés por estudiar, chicas que pasaban más maquillándose en clases que atendiendo, a veces, más contestatarias. Entonces yo miraba a mis colegas de 60 años y decía no, yo no quiero terminar así, yo voy a estudiar otra cosa. Porque me daba cuenta de que esa brecha generacional hacía que tuvieran problemas y que las chicas se rieran de las profesoras más antiguas. Qué sé yo, por ejemplos, por la vez, por lo que fuera. Entonces, por eso yo estudié orientación”. 

“Cambió [también] lo que antiguamente se llamaba carrera docente. Que yo te explicaba que eran profesoras, después podían pasar a ser inspectoras y tenían como una trayectoria en el colegio. Cambió, no sé por qué ley. Pero ahí empezaron a concursar personas que no tenían ningún contacto con el colegio. Entonces se hacía el concurso y el que ganaba llegaba a ser director. Entonces podían ser personas jóvenes o viejas, pero que no tenían ningún vínculo con el colegio. Y desgraciadamente es por compadrazgo, ya, por cosas políticas, porque soy amigo, porque… Entonces ahí no había una buena gestión. Ahí se echa a perder eso y no había buena gestión. Entonces tuvimos varios problemas con una directora, después con otra que llegó. Circulaban muchos anónimos […] por ejemplo, diciendo el profesor tanto hizo desaparecer el libro de clase, porque también se desapareció el libro de clase. Entonces, había investigaciones sumarias, que se llama, que nunca llegaban a nada. Después, una época en que había anónimos de lesbianas, acusaban a profesoras de ser lesbianas, aparecían revistas pornográficas de mujeres en salas de clase. Entonces, eso fue algo como bien bizarro que pasara […] La mayoría de las personas asustadas que fuera a aparecer un anónimo que fuera a decir tu eres lesbiana o tal profesora con tal profesora o tal profesora con una alumna. Tanto así que mucha gente se cambió, pidió traslado

“Como que a este grupo de “Toby”, de hombres, que eran como 8, 10, que se sentaban ...

“Como que a este grupo de “Toby”, de hombres, que eran como 8, 10, que se sentaban en una mesa, que eran de distintas asignaturas, les echaban a ellos la culpa, de que eran los que hacían los anónimos. Pero no había prueba de nada, o sea, eran especulaciones. Entonces, ahí había cierto rechazo entre ese grupo de “Toby” que estaba ahí como… Entre ese grupo y los demás docentes. Eso que en realidad no tenía cómo saber si sí o si no. No, no se sabía. Entonces, eso pasaba. Y a veces en los consejos se notaba porque opinaban de una manera, opinaban de otra. Entonces, ahí se producían roces, no muy fuertes, pero roces. Y se decía así el grupo de “Toby”. Se decía así directamente, derechamente”. 

“Y lo otro que se hacía muy bonito en el colegio era para la del 18, que los cursos bailaban. Todas las chiquillas presentaban algún baile con motivo del 18, de distintas regiones del país o de otros países. Y eso lo organizaba el departamento de Educación Física”.

“[…] en el año 2011 estuve yo, como en 2009, parece, empezó la jornada escolar completa. No sé si es el año exacto. Entonces, yo daba unos talleres de gimnasia aeróbica para las estudiantes. Como uno podía hacer talleres de otra de otra temática, digamos. Y a mí siempre me gustó el deporte y yo había hecho un curso de monitora de aeróbica. Así que empecé a dar ese taller. Ya. Bueno, eso me creó mucha enemistad y mucho celo de parte de las profesoras de educación física […] porque cómo una profesora de filosofía va a estar haciendo un taller de deporte, o sea, de una actividad física. Era como que les quitabas horas también […] Bueno, yo lo hice igual nomás. Y ellas empezaron como a quitarme el saludo, a mirarme feo. En esa oportunidad que participé en esa fiesta de, digamos, del 18, hicimos una presentación de aeróbica y nos salió bien, pero teníamos ese tope. Y lo hice como por 3 años, este taller, más o menos […] de hecho se implementó una sala. Con las chicas juntamos dinero y compramos un espejo, lo pudimos poner. Pero igual teníamos problemas porque al lado había un departamento, había una sala de computación. Entonces la profesora decía que la música le hacía mal a los computadores. El ruido, la vibración, y mentira, o sea, era por joder. Después yo quedé embarazada y no se me notaba mucho, así que hacía igual el taller y de repente me dice, estás guatona, me dice. Yo le digo, sí, porque estoy embarazada […] compramos un espejo y compramos un equipo de música. Uno chiquitito por uno que se toma como (hace gesto con la mano de cómo se tomaba este equipo de música) en esa época tenían toca cassettes. Y participamos también en un en una cosa deportiva en la USACH. Fui a presentar allá el esquema, digamos, de aeróbica y también en el Instituto Zambrano. Justo había algo deportivo también. Y fuimos. Así que las chicas estaban super contentas. Se mandaron a hacer una polera del del taller de aeróbica. Fue bueno. Ellas se acuerdan mucho. Y visitas, visitas que hacíamos a propósito de la asignatura. Por ejemplo, cuando yo pasaba el tema de la muerte en Sócrates. A veces me tocaba en esos años que estaba la obra de teatro. Entonces, íbamos. Una vez trajimos a la persona que recitaba la apología completa. Se la sabía de memoria. Entonces, lo hacía en el salón de actos del colegio. Las niñas con el libro en mano siguiendo la lectura. Otra vez fuimos al cementerio de noche […] por la muerte. Había que buscar cosas para poder motivar a las chiquillas, porque la filosofía, tú comprenderás que no nos entretenía para ellas. Entonces, fuimos al cementerio de noche. Justo parece que se implementaron esos tours de noche”. 

“[…] hay mucha envidia, hay mucho celo profesional. Entonces, a nosotros me resultó fantástico porque la primera vez que fuimos y que llegamos en metro hubo un problema que no nos pudieron atender. Entonces, chuta ya, listo. Después nos llaman y nos dicen que nos van a poner bus para llevarnos, traernos y en vez de hacer el recorrido a pie lo íbamos a hacer en un carrito. Y más encima nos tenían torta después para el final, o sea como compensación por lo que había pasado. Entonces fuimos de noche en el carrito, nos bajábamos, recorríamos unos lugares y el guía te iba diciendo esta es de la Llorona, este es el de acá y de repente apareció un tipo disfrazado como de muerte con un palo y todas llegaron a saltar (risa). Entonces fue súper entretenido, las chiquillas quedaron, pero fascinadas […] fuimos como tres veces, pero después, como te digo, por estas cosas de los celos ya te ponían problemas […] Que no puedes salir en horario que no sea del colegio… Fuimos al Congreso también dos, dos veces. Entonces íbamos al congreso, después nos íbamos al Mercado con un plato que era barato […] Y después íbamos a la playa. Después nos veníamos. Se contrataba un bus… Las chiquillas en ese tiempo podían pagar estas cosas, fíjate. Cosas que hoy no se pueden. Pero en esa época sí. Después, por ejemplo, el programa de Filosofía cambió en el 2002. Se empezó a hacer psicología en tercero y filosofía en cuarto. Yo hice el curso de capacitación [para Psicología] […] porque a nosotros en la malla de pedagogía en filosofía, el fuerte es filosofía. O sea, tenemos dos cursos de psicología y varios de educación o de psicología de la educación, pero no es psicología propiamente tal. De hecho, muchos profesores de filosofía se negaron y reclamaron. Y nos hacían, digamos, filosofía, o hacían pasar la teoría de Freud, así como para que quedaran  tranquilos y listo. Pero en ese curso que yo hice de capacitación, eh, la idea era que la filosofía sirviera para la vida. No era aprender contenidos, aprender teorías. Entonces, a raíz de eso, por ejemplo, cuando venía el autocuidado, el bienestar, entonces yo me acuerdo de que un año les hice comida vegetariana. Entonces las cabras pagaron mil pesos en esa época. Y yo compré en la feria un montón de ensaladas, qué sé yo. La nana que tenía en esa época ella me cortó los porotos verdes, no sé, me hizo todos los platos, digamos… Y yo los llevé pal colegio, ahí, las fuentes, qué sé yo. Entonces, se armó un plato vegetariano para cada chiquilla, uh, quedaron, pero fascinadas. Yo me he encontrado con mamás que se acuerdan. Y la idea era esa, pues, la comida sana, pero… O el cuidado de la cara, por ejemplo, y ya yo la hacía llevar cremas, para hacer una clase práctica. Esa, esa era la idea, que se pudieran, digamos, eh, concretar los conocimientos. O justo yo quedé embarazada también en el 2002 y en algo de sexualidad de los órganos, también ahí yo les pasé eso y las hacía hacer presentaciones, por ejemplo, con las muñecas, que eran las guaguas. De repente algunos decían: «Pero qué raro». Bueno, pero es que eso es parte del programa, pero simplemente que está más aterrizado. Claro, lo llevo más a la práctica. Claro, en otra oportunidad hicimos arreglos en el establecimiento de limpiar, de hacer unos, unas rejas con unos palos, salimos a comprar palos. Entonces, yo sabía hacer de esas rejitas, así que de palos. Y se adornaron algunos lugares. Y bueno, por todo este ambiente feo, te digo, como te digo, y de celos, como que intentaron decirle a la municipalidad que yo no hacía el programa, qué sé yo. Entonces, bueno, yo tuve que llevar una carta y explicar que era una metodología distinta, que siguió […] yo estaba en un curso en el verano de educación para adultos privados de libertad. Entonces, no me acuerdo en qué colegio estaba, pero estaba en eso, entonces me mandaron a llamar, así que no… Yo ahí, les acusé a ellas, digamos, al equipo directivo, que me estaban interrumpiendo en un curso de capacitación.  Bueno, y ahí hicieron un sumario medio tránsfugo y, bueno, no pasó nada. Pero por lo menos uno deja precedentes o para que no te sigan molestando”.

“A la directora le llegó un anónimo de que yo era la que hacía los anónimos. Y la directora entonces, te empezaba a perseguir, porque eran directoras pencas, directoras que escuchaban los chismes. Claro. Entonces, hubo una época en que me perseguía, me andaba viendo. Y yo como era más rápida, yo subía la escalera, los tres pisos, llegaba arriba. Cuando ella llegaba, ella estaba ahí. Un día me acuerdo de que comenté con alguien que iba a ir a la peluquería, que me iba a hacer no sé qué cosa. Entonces, me estaba esperando y me dijo: “Usted hizo abandono de funciones, ¿dónde andaba?”. Yo le dije: “Perdone, pero las horas que falté era la hora que tenía ventana”. “Ahhh, ya”. dijo. Y claro, yo llegué peinada de peluquería. Pero nunca falté a mis horarios ni… Nunca tuve ninguna sanción tampoco. Así que… Lamentablemente, yo ahora digo, no existía la ley del acoso laboral. Entonces, yo nunca tampoco se me ocurrió haber renunciado más allá del DEM. Que, si el DEM protege a la directora porque la llevó, obviamente que nunca le va a pasar nada. Pero claro, yo tenía menos años también. Pero lo que sí, siempre me defendí, nunca me quedé callada. Y esos son los bonitos recuerdos que tengo del colegio, más que nada con los cursos, con las alumnas. Las tres cuartas partes. La última cuarta parte, ya las chiquillas estaban más complicadas. Después, una época que empezaron a aflorar el tema del lesbianismo”.

“Yo me enteré después, no me enteré en el minuto, pero totalmente inadecuado, totalmente inadecuado. Y fue como entre que una moda y un destape así. Claro. Claro, y las chiquillas andaban vigilando los baños. También ocurrió que las grandes acosaban a las de séptimo. Las chicas que venían llegando, entonces se veían acosadas en los baños, se les tiraban encima para darles un beso, por ejemplo. Eso también ocurrió. Y muchas chicas que, como yo, por el tema de la psicología, trataba el tema de la sexualidad, no del género, porque en esa época no estaba full, no. Sino que era la orientación sexual, no más. Ellas podían, algunas. Algunas se atrevían a decir: “Señorita, sí, es que a mí me gustan las mujeres”, “ Es que yo veo pasar una niña y a mí me atrae, me gusta”. Y otras lo hacían a saber qué pasaba, a probar. Por curiosidad. Por curiosidad […] Entonces, yo también hice unos cursos de psicología de sexualidad que dio la Chile, que era el programa PASA […] al final se transformó como en un postítulo. Se trataba de que la alumna tuviera el conocimiento, pudiera tomar decisiones responsables, o sea, que pudiera prever las consecuencias. Eso era lo medular del programa. Entonces, yo, por mi formación de filosofía, me calzaba perfecto. Claro, te informa acerca del tema, tú decides, pero tú decides sabiendo todas las consecuencias que puede traer esto. Entonces, esas temáticas daban para que las chicas pudieran contar sus vivencias, sus situaciones personales. Ahora tú después, no sé, después que las cabras salían de cuarto, si es que alguna volvía o se la veía por ahí, estaba casada con hijos. Fue programado. Claro. Y otra no. Esa chica que decía que ella miraba y le gustaba, no, esa se transformó en trans. O sea, le salió bárbaro. Ella era un hombre. Pero en esa época todavía no se hablaba de lo trans. O al menos no era algo popular como ahora […] para mí no era tan natural. Porque yo tengo una formación más antigua. Claro. Ahora, con los estudios que he hecho, porque estudié psicología también, soy psicóloga. Se ha ido transformando mi mirada. Pero en esa época, yo me acuerdo cuando las chicas me preguntaban cuál era mi opinión, yo le decía: “Yo me guío por la naturaleza. La naturaleza es un hombre, una mujer, para que tengan una relación sexual y las anatomías de hombre y mujer son para eso”. Ese era mi discurso”. 

Exdocente, 1986-2011