Escuela Básica República del Ecuador

La Escuela República del Ecuador es una institución femenina pública municipal con más de 100 años de trayectoria, que entrega educación parvularia y básica desde 1° a 8° año, en doble jornada. Su sello institucional se refleja en su lema “Forjando sueños para crear realidades”, donde se promueve formación de personas competentes, solidarias, emocionalmente equilibradas y capaces de adaptarse activamente a una sociedad dinámica. Su identidad se nutre del sentido de continuidad histórica, del enfoque formativo en valores humanistas, responsabilidad social e inclusión. (Escuela República del Ecuador, s.f.; Ministerio de Educación, s.f.).

Experiencias

“Esto fue una escuela pionera [...]

“Esto fue una escuela pionera […] Nosotros en ese entonces teníamos talleres. Había talleres de pintura, teníamos un taller de literatura que se dividía: las chicas que estaban interesadas en cuentos, en ensayos o en poesía. Teníamos un taller de música que dirigía el profesor Murcia, y era muy proactivo en términos de la participación en el coro y la participación en la orquesta sinfónica […] Todas estas actividades extraprogramáticas… no recuerdo si era una vez a la semana o en la tarde. Era el día sábado. Yo recuerdo haberme quedado después de clase para algún proyecto de un taller que se llamaba Modelado. Esto era muy simpático porque nos entreteníamos. Siempre teníamos actividades cuando se acercaba el 18 de septiembre. Los profesores se preparaban y programaban todas las actividades para que nosotras participáramos. Todos estos talleres estaban enfocados a la Independencia: obras de teatro relacionadas con Ecuador, fábulas relacionadas con Ecuador, y el folclore. El profesor Murcia nos impregnaba mucho de lo que era la cultura ecuatoriana en términos de la música, la profesora de pintura también, enfocándose en la flora y fauna de Ecuador.” (Exestudiante, 1945-1950)

“Teníamos un régimen bien riguroso y académico bien estricto. Nuestros profesores eran muy estrictos con la disciplina y, además, muy exigentes con las notas. Eran bien cerrados, no se flexibilizaban. [Mi profesora de primero] no te regalaba ni un décimo de nada. Recuerdo que cuando hacía nuestros controles, por ejemplo, de lenguaje, ella no sacaba la nota final solamente con el control. Ella hacía una interrogación oral además de la prueba escrita. Y en la prueba del libro incluía ortografía, redacción y contenido del libro. Era una nota que se promediaba con tu interrogación oral.” (Exestudiante, 1945-1950)

“Los profesores eran de la Escuela Normal. Había dos: la Escuela Experimental de Niñas y la Experimental de Varones, que era la Salvador Sanfuentes, y el Liceo Experimental. Venían con un paradigma diferente a la educación antigua. Venían a innovar en educación. Traían programas que se hacían en Europa y los aplicaban acá. Trajeron el método Cuisenaire para aprender matemáticas con las regletas de colores. En la sala de matemáticas teníamos estas regletas para aprender a sumar y restar. La profesora nos daba un paquete para jugar, donde cada regleta representaba una unidad. Era muy fácil hacer las operaciones sin tener el concepto matemático todavía desarrollado. […] Como esto era [una] escuela experimental, constantemente venían profesores y estudiantes universitarios a observarnos. No eran las vacaciones de verano normales: todo enero íbamos a la Universidad. El profesor de música hacía lo suyo con los instrumentos. De repente teníamos práctica y nos enseñaba a tocar: el bombo, el triángulo. Era como un juego. Nos enseñaba ritmos, nos enseñaba a interpretar y hacer pausas. Cuando ya tenía armado el grupo, tocábamos una pieza musical completa. […] Me acuerdo de que tenía un cuaderno dividido a la mitad: Chile-Ecuador, historia de Chile, historia de Ecuador. Era así, en paralelo. Y aprendí muchas cosas de Ecuador. Todo era paralelo: Chile-Ecuador. […] También había una sala de Ciencias Naturales y había un esqueleto que tenía nombre: la Clarita. Cuando uno se sentaba cerca de la Clarita, todos se asustaban. La sala de Ciencias estaba en la esquina del segundo piso, y ahí estaba la Clarita. Nadie quería sentarse cerca de ella.” (Exestudiante, 1945-1950)

“En ese tiempo mi mamá estaba con problemas económicos en la familia, entonces mi mamá me podía venir a dejar, pero no podía volver a casa para venir a buscarme. Entonces la tía le dijo ‘quédese’, y mi mamá se quedaba todos los días ayudándola, haciendo de asistente. Mi mamá recibió un diploma por la ayuda, pero en realidad ella lo hacía para ayudar a mi mamá para que no gastara tanto en pasajes. La tía […] marcó mi infancia. Cuando yo seguía estudiando acá, siempre me escapaba a la sala de kínder a saludarla, a abrazarla. Cuando salí de aquí fui a estudiar a República, pero cada vez que podía me escapaba, entraba por Avenida España e iba a verla a la sala […] “Lo que yo quería destacar es lo que me quedó grabado: mi profesora jefe era muy maternal, así como buena, dulce pero amorosa. Mis hermanos, que estudiaban en otro colegio, les tiraban las orejas y las patillas y los retaban, pero a mí nunca, nunca me gritaron ni me hablaron fuerte. Y cuando sabían que alguien tenía problemas, iban a la casa.” (Exestudiante, 1957-1962)

“Aquí tuve una profesora […] que era de música y religión. Ella formó un coro. Cuando ensayábamos, la acústica que tiene este colegio parecía una iglesia. Era un sonido fantástico. […] Teníamos una profesora que nos hacía todos los ramos. Además de música, nos enseñaba a cocinar en ‘Educación para el Hogar’. Ahí nos enseñaban a bordar, labores del hogar, cosas que ahora los niños no aprenden.” (Exestudiante, 1957-1962)




“Pasé un tiempo bellísimo acá. Hoy día yo soy bioquímica, doctora en bioquímica y máster en microbiología. Gracias a mi profesora de Ciencias. A los 9 años, la profesora de Ciencias Naturales, nos enseñó en las clases de Ciencias Naturales los principios del método científico y tuvimos que hacer investigaciones. Todo esto que les estoy contando, yo siento que se lo debo a mi profesora de Ciencias Naturales que me abrió los ojos en la ciencia y le estaré toda la vida agradecida porque yo amo lo que hago, amo lo que hago.” (Exestudiante, década de 1970)

“Como le pasó a las chiquillas, encontraba que todo era tan grande cuando yo estaba chica y ahora es todo tan chiquitito. Aquí se veía esto inmenso. Estoy llena de emociones. Tengo 1000 anécdotas aquí, desde que me quebré la nariz hasta que no sé qué. […] También estuve cuando en el 85 hubo el terremoto, se cayó toda la parte de aquí arriba, entonces nosotros cuando nos hicimos la graduación, tuvimos que hacerla en el patio techado de atrás. Ese año fue súper complicado. […] Nosotros vivimos años complicados, vivimos años de dictadura, entonces eso nos marcó como personas. Y el tema de que se cayera parte del colegio también fue importante. Me acuerdo que nos prestaron una sala, no sé si las que han estado más tiempo se acuerdan – estuvimos en un colegio en Bernal del Mercado. Teníamos que llegar hasta allá y los que íbamos en la mañana cambiamos de jornada, íbamos en la tarde. Era un colegio de monjas. Entonces de repente teníamos que ir a misa con la falda larga, era todo muy diferente. Era muy difícil estar allá […]. Sin embargo, era bonito porque había gente que yo no conocía, pero también se hizo muy difícil la estadía. Pero bueno, así fueron las cosas y nosotros aceptamos esa forma de terminar ese año.” (exestudiante, 1978-1985)

“En aquel entonces no podíamos venir como ahora con la ropa que quisiéramos. Teníamos que ir con uniforme: delantal azul marino, muy almidonado. Nos revisaban las uñas cortadas, el uniforme. Mi mamá se encargó de ponerle el nombre al delantal y tenerlo bien planchado.” (Exestudiante, 1985-1992)

“En los años en que yo estuve, era una sensación de seguridad. Era como ‘este es mi hogar’, un sentido de pertenencia muy grande. En esos años había solo un profesor hombre, que era orientador. Las profesoras nos exigían, pero siempre con mucho respeto, siempre con cariño. Nunca había una cosa como que nos trataran mal. Era como querer enseñarnos, querer formar buenas niñas para que llegáramos a ser buenas mujeres. Esa era la misión, no era un reto solo porque sí. Eso hizo que la mayoría, por lo menos de mi curso, tengamos muchos recuerdos buenos del colegio.” (Exestudiante, 1985-1992)

“A nosotros nos tocó llegar cuando instalaron las primeras computadoras. Había dos computadoras y nos daba miedo apretar el botón de encendido porque decíamos ‘si lo echamos a perder…’. Para aprender a teclear, nos dieron una fotocopia con el teclado que teníamos que pegar en un cartón. Teníamos que ir memorizando dónde estaban las letras para no estar buscándolas. Porque nadie tenía computadora en la casa en esos años.” (Exestudiante, 1985-1992)

“Yo estuve en la escuela desde kinder hasta sexto básico. También estuvo mi hermana menor. Además de coincidir con todos los recuerdos de que el gran colegio ya no se ve tan grande, hubo aspectos específicos de la infraestructura del colegio que a mí me marcaron mucho. Yo no sé si lo soñé o era verdad, pero en el patio había una palmera – no era una palmera, era un árbol, era un castaño. Y en el verano uno se sentaba alrededor del árbol para el fresquito y eso a mí me marcó profundamente.” (Exestudiante, década de 1990)

“Lo que sí puedo compartir que recuerdo con mucha fuerza, por alguna extraña razón, en mi experiencia con el colegio fueron las Humanidades y las Artes lo que más me marcaron a mí, y yo creo que eso se refleja en el futuro profesional que seguí. No recuerdo muchos nombres, traté de buscar y la verdad es que no pude encontrar muchos papeles. Pero fue la profesora de inglés que tuve, la de lenguaje, y también los concursos de arte que se hacían dibujando el Ecuador. En ese momento no había Internet, entonces como no llegabas a imaginarte cómo era el Ecuador si no había Google. Solo me acuerdo de que tenía que hacer dibujos con mucho cerro y muchas casitas, y me demoraba tanto en hacer tantas casitas porque era mucha casita de Quito. […] Fueron esas instancias, también música, las asignaturas que yo creo que me marcaron y quisieron que mi profesión hoy se conectara con esa rama más artística.” (Exestudiante, década de 1990)

“Una cosa tan chica, el conocer el concepto de competencia, pero sanamente. Es algo que yo creo que también puede explicar hoy en mi vida diaria: desafiarte sin sentirte intimidada, sin sentirte menos. De ese espíritu de ‘todas sabemos’. El famoso techo de cristal, el autoboicot que a veces nos hacemos casi todos los días las mujeres, y a cada poquito a través de esa pequeña experiencia como competitiva, que finalmente era muy amigable, siento yo que eso también me ayudó a forjar mi carácter.” (Exestudiante, década de 1990)

“Lamentablemente después yo no llegué hasta el final, me fui y después me empecé a cambiar varias veces de colegio, pero mis mejores amigas, mis mejores experiencias, el empezar a andar sola en micro – en esa época cuando una ya era grande, empezaron a llegar los niños del Liceo y una se asomaba por la ventana del segundo piso a ver que llegaban al colegio – fueron muchas experiencias de la preadolescencia que me marcaron profundamente […] Y el caminar por la Alameda, que para una niña chica era la tremenda experiencia […] Recuerdo en una fiesta que a una amiga se le rompió el taquito del zapato y fuimos todas las amigas caminando por la Alameda a arreglarle el zapato. Entonces la conexión con la ciudad y con la infraestructura del colegio, siento yo que también era un golpe de realidad que una siendo tan chica no lo dimensionaba y que después también te enseñó a ser autónoma […]  Siento que también el tener la noción de que el colegio está inserto en un lugar también como que forja una visión distinta de los estudiantes, porque ahora los niños no salen a jugar a la calle, no tienen vecinos, no interactúan con su entorno porque, claro, nuestro entorno está más complejo que antes, pero en esa época como que nos dejaban, nos dejaban que experimentáramos. Y yo creo que eso también me marcó profundamente.” (Exestudiante, década de 1990)

“Había esto también de que nosotros estábamos muy ligados al folklore. […] cuando yo estuve aquí había mucho folklore, pero también estábamos muy involucrados con la historia de Ecuador. Aprendíamos el himno de Ecuador e íbamos a la embajada de Ecuador, salíamos mucho a bailar nuestro folklore, cuecas, íbamos a la misma embajada. Yo me acuerdo que fuimos muchas veces a la alcaldía de Santiago y en realidad se ponía en alto esta escuela.” (Exestudiante, década de 1990)

Actividades

El pasado viernes 29 de agosto, la Escuela Básica República del Ecuador vivió un reencuentro con la historia. En el marco de la celebración de su aniversario, se realizó la primera «Jornada de Nostalgia», un encuentro intergeneracional que reunió a ex estudiantes de diferentes épocas con las estudiantes actuales. Esta iniciativa fue desarrollada de manera conjunta entre la Escuela y el equipo del Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago.

La Escuela Básica República del Ecuador de Santiago Centro desarrolló un encuentro con Cindy Heredia, académica de la Universidad Casa Grande de Ecuador, en el contexto del Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana (CIHELA 2025). La actividad se realizó a través del proyecto Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago.

1929 – Escuela Experimental. Archivo de la Escuela
1941 – Escuela Experimental de Niñas – Boletín de Escuelas Experimentales
1943 – Escuela Experimental. Archivo de la Escuela
1969 – Escuela Experimental. Archivo de la Escuela
1978 – Escuela Experimental. Archivo de la Escuela
2025 – Directoras Escuela Experimental, Hall Escuela
2025 – Hall Escuela Ecuador