«Los que más dijeron a las mujeres que estudiaran fueron los varones. Nunca lo hubiéramos pensado.» La profesora Catalina cuenta el descubrimiento de una investigación previa y en la sala se siente la sorpresa. Es justo ese tipo de hallazgo inesperado lo que puede ocurrir cuando se pregunta y se escucha con atención.

Como parte del proyecto «Construyendo un Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago», el jueves 29 de septiembre se realizó en el Liceo 1 Javiera Carrera un taller de introducción a la investigación social, como preparación para que estudiantes del Taller de Patrimonio, a cargo de las profesoras Catalina Padilla y Lidia Rivera, realicen entrevistas a ex alumnas del liceo. El encuentro fue facilitado por Renato Moretti y Fernanda Toledo. La pregunta de partida del encuentro fue directa: «¿Quién puede conocer mejor la experiencia del Liceo 1 que las propias javierinas?»

«Las historias de los colegios en general es muy emblemática, muy de fundadores, muy de grandes profesores. Pero ¿qué pasa con las estudiantes que estuvieron aquí, por ejemplo, en el año 88? ¿Con una persona que pasó por la institución como muchas otras? Esas historias están silenciadas.»

El taller planteó que hacer investigación social es «hacer visible lo que no se ve» y «hacer audible lo silenciado.» Para eso, las entrevistas narrativas son diferentes a las encuestas. No se trata de preguntar «¿Le gustaba el liceo? Sí o No», sino «Cuénteme la historia de sus años en el Liceo 1».

Las estudiantes recibieron una pauta de entrevista como ejemplo, descrita como «una ayuda memoria» con una pregunta principal abierta y tres principios: invitar a narrar, escuchar activamente, y profundizar con respeto. Se revisaron también algunos aspectos éticos clave: escuchar sin juzgar, participación voluntaria, control de la información por parte del entrevistado, y anonimato por defecto. El formulario de consentimiento informado asegura que la persona «entienda y acepte participar sabiendo en qué se está metiendo.»

Se ejemplificó el proceso usando un personaje ficticio: «Patricia», alumna del liceo durante la dictadura que volvió como profesora en democracia. Se mostró desde la presentación inicial hasta la pregunta principal, pasando por la revisión del consentimiento y el permiso para grabar.

Durante la ejemplificación apareció la incertidumbre. Preguntar es tantear, lo que puede generar inseguridad. El taller no minimizó esta inquietud, más bien la reconoció como natural al enfrentar algo nuevo. La clave está en cambiar de perspectiva: no se trata de ejecutar una pauta perfectamente, sino de experimentar. Si no funciona algo, se prueba otra cosa. Si hay silencio, se espera. El objetivo es aprender desde la práctica. Al aprender se cuenta con el derecho a equivocarse, y ese derecho es precisamente lo que permite crecer.

Como mostró la experiencia que compartió la profesora Catalina al inicio del taller, investigar puede revelar lo que nadie esperaba. Esa es quizás la lección más importante del taller: preguntar y escuchar abre la posibilidad de descubrir no solo aquello que no sabemos, sino aquello que no imaginamos. Investigar es también una oportunidad para sorprenderse.

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