Taller “Jornada de nostalgia” en la Escuela de Verano 2026 del Museo de la Educación Gabriela Mistral

Como parte de las actividades de la Escuela de Verano para Profesoras y Profesores organizada por el Museo de la Educación Gabriela Mistral, el equipo Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago (UAH) realizó el taller práctico: “Jornada de nostalgia como herramienta para recuperar nuestra historia escolar”. Esta instancia buscó entregar a las y los docentes herramientas metodológicas y éticas para implementar procesos de recuperación de memoria en sus propias comunidades educativas. La propuesta central del taller fue la Jornada de Nostalgia, un encuentro intergeneracional donde integrantes de una comunidad (como estudiantes y exestudiantes, docentes actuales y pasados, familias y vecinos) conversan sobre sus recuerdos escolares en torno a una mesa. Durante la sesión, los participantes experimentaron la metodología de trabajo en grupos pequeños, utilizando objetos activadores —como fotografías, insignias o antiguos útiles escolares— que funcionan como llaves para abrir memorias y hacer emerger narrativas que suelen quedar fuera de los archivos oficiales. El taller fue facilitado por Camila Pérez Navarro, Renato Moretti, Analía Álvarez y Francisca Leiva, y se estructuró en torno a cuatro ejes: Experimentación directa: vivenciar el dispositivo de la jornada de nostalgia para comprender su potencial. Herramientas prácticas: conocer aspectos técnicos para planificar, convocar y ejecutar estos encuentros en los establecimientos. Ética: reflexionar sobre la importancia del consentimiento informado, el respeto por las experiencias difíciles y la protección de información sensible. Co-creación histórica: Comprender a las comunidades como protagonistas de su propio relato, democratizando la producción del conocimiento histórico. Uno de los puntos clave de la jornada fue la distinción entre la «historia oficial» (basada en documentos ministeriales) y la «historia vivida». Según se discutió en el plenario, las comunidades educativas tienen el derecho a preservar su propia memoria y ser reconocidas como las verdaderas expertas en su experiencia. Este taller refuerza el compromiso del Atlas Participativo de vincular la investigación académica con el quehacer docente, construyendo una cartografía colaborativa que documente la evolución de las instituciones educativas desde las voces de quienes las habitan.
Sesión final del ciclo de talleres sobre entrevistas biográfico-narrativas en el Instituto Nacional

30 de dicembre de 2025 Entre octubre y noviembre de 2025, el proyecto “Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago” desarrolló un ciclo de tres talleres sobre metodología de entrevistas biográfico-narrativas con estudiantes de la Academia de Estudios Sociales (ADESIN) del Instituto Nacional. Las sesiones, realizadas los días 2 de octubre, 20 y 27 de noviembre, trazaron un recorrido completo desde la preparación de las entrevistas hasta su transcripción y análisis. El primer encuentro, llevado a cabo el 2 de octubre, presentó la entrevista como una herramienta de investigación, como una artesanía que se aprende haciendo. Se planteó que la diferencia fundamental entre encuesta y entrevista narrativa no es solo técnica: cuando pedimos una historia, abrimos un espacio de incertidumbre donde no sabemos qué va a pasar, y eso es precisamente lo valioso. Bárbara Durán Hess, profesora a cargo de ADESIN, señaló que “este tipo de metodología la han ocupado harto; en todas las investigaciones desarrollan entrevistas. Ya llevan seis años en la Academia”. Esa experiencia previa permitió profundizar rápidamente en aspectos éticos y técnicos específicos. Un concepto importante emergió al hablar del silencio en las entrevistas: “La memoria no es un almacén donde uno va a buscar recuerdos. La memoria es algo que uno tiene que elaborar”. Esta comprensión transforma una técnica en una actitud. No se trata de extraer información, sino de acompañar a alguien mientras reconstruye su propia historia. Tres semanas después, Camila Pérez Navarro facilitó el segundo taller, enfocado en las formas de transcribir las entrevistas que las y los estudiantes realizaron durante el mes de octubre. La sesión comenzó con una ronda de diagnóstico: ¿en qué etapa están con sus entrevistas? ¿Qué problemas han encontrado? ¿Qué han descubierto? Uno de los principales problemas identificados por las y los estudiantes fue el contacto con exalumnos, ya que sólo pudieron entrevistar a un grupo de amigos que egresaron durante la década de 1980, de un mismo curso. Luego, se expusieron los contenidos planificados. El taller presentó cuatro tipos de transcripción: fonética, literal (verbatim), inteligente (verbatim inteligente), y editada o resumen. La propuesta del proyecto es usar verbatim inteligente, porque preserva la voz auténtica del entrevistado, es legible para públicos diversos, y permite un análisis profundo. ¿Qué preservar y qué editar? El principio es simple, pero delicado: preservar el vocabulario característico, las expresiones coloquiales, la estructura de las frases y las emociones expresadas. Editar con criterio las muletillas repetitivas, los falsos inicios sin sentido y las repeticiones innecesarias. Y no inventar. Ante la duda, se planteó que es mejor marcar [entre corchetes]. La tercera sesión, llevada a cabo el 27 de noviembre, profundizó en el análisis de entrevistas. Impartido por Camila Pérez Navarro y Renato Moretti, el taller presentó dos aproximaciones complementarias: bottom-up (abajo-arriba) y top-down (arriba-abajo). Con la primera, el investigador se pregunta “¿qué está pasando aquí? ¿de qué se habla?”, y sirve para descubrir información y temas nuevos. La segunda aproximación, en cambio, se pregunta “¿qué dice sobre X?, siendo X una de las preguntas o temas predefinidos por la investigación. Un extracto de entrevista ficticia sirvió como caso de práctica: “Lo que más recuerdo del colegio es el patio, ese patio enorme. Ahí pasábamos todos los recreos jugando a la pelota. Los profesores casi no aparecían por ahí, sólo el inspector, que no daba abasto. En ese momento era nuestro territorio, ¿cachai? Ahí uno se hacía amigos de verdad, chuteando la pelota”. El taller exploró también cómo comparar entrevistas buscando similitudes, contrastes, patrones emergentes. Finalmente, se planteó cómo conectar las narrativas con su contexto histórico. Por ejemplo: reformas educativas, cambios en el régimen político, modificaciones en el curriculum nacional, etc. Un ejemplo concreto ilustró los tres niveles de análisis trabajando sobre una misma cita sobre el cambio en las relaciones con profesores después del golpe de 1973. El ciclo de talleres confirma algunas intuiciones sobre cómo desarrollar investigación en contextos educativos. (1) La experiencia previa enriquece: cuando un grupo ya tiene práctica investigativa, es posible profundizar rápidamente en aspectos específicos. (2) La progresión metodológica funciona: pasar de la invitación narrativa a la transcripción y luego al análisis permite que cada herramienta se consolide antes de agregar la siguiente. Y (3) la práctica concreta es irremplazable: transcribir un audio juntos, analizar un extracto en grupo, revelan más que cualquier explicación abstracta.
Taller de entrevistas narrativas con estudiantes de la Academia de Estudios Sociales del Instituto Nacional

«Llevo 20 años haciendo entrevistas y siempre es un desafío.» La frase resuena durante el taller de investigación. Es una admisión honesta: la entrevista, incluso después de muchos años de práctica, sigue siendo un territorio de incertidumbres. Investigar con entrevistas no es dominar un protocolo perfecto, sino aprender a estar cómodo con lo impredecible. El jueves 2 de octubre, el proyecto «Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago» realizó un taller de metodología de entrevistas narrativas con estudiantes de la Academia de Estudios Sociales (ADESIN) del Instituto Nacional. La sesión, facilitada por Renato Moretti, reunió a estudiantes de séptimo básico a cuarto medio. Bárbara Durán Hess, profesora a cargo de ADESIN, destacó la experiencia previa de los y las estudiantes: «Este tipo de metodología la han ocupado harto, todas las investigaciones desarrollan entrevistas. Ya llevan seis años en la Academia.» Esa experiencia previa marcó el tono del encuentro: no se trataba de introducir algo completamente nuevo, sino de sistematizar herramientas que los estudiantes ya intuyen desde su práctica. El taller presentó la investigación como una artesanía. «No hay ningún misterio en el corazón del asunto. Hay cosas que son bien sencillas y el tema es atreverse a hacerlas para ir aprendiéndolas. Al principio nos va a quedar ‘más o menos’, pero después vamos ganando más pericia». Esta pedagogía de la imperfección resonó especialmente al abordar la diferencia entre encuesta y entrevista narrativa. La diferencia no es solo de formato, sino de apertura: cuando pedimos una historia, no sabemos lo que va a pasar, y eso es precisamente lo valioso. Más allá de los aspectos técnicos de la entrevista, el énfasis en el taller estuvo en la disposición ética: escuchar sin juzgar, respetar la participación voluntaria, garantizar el control de la información por parte del entrevistado, y proteger el anonimato. Un concepto importante emergió al hablar del silencio en las entrevistas. «La memoria no es un almacén donde uno va a buscar recuerdos. La memoria es algo que uno tiene que elaborar.» Por eso es crucial respetar cuando el entrevistado guarda silencio: está construyendo, en tiempo real, un relato coherente de su experiencia. Esta comprensión transforma la técnica en actitud. No se trata de extraer información, sino de acompañar a alguien mientras reconstruye su propia historia. Uno de los momentos más ricos surgió cuando los estudiantes preguntaron sobre el alcance del proyecto. Un estudiante consultó: «¿Da lo mismo la época en que estudió el entrevistado?» La respuesta subrayó la naturaleza flexible del Atlas: «Este año nuestro foco es educación pública siglo XX, pero no está cerrado a otro tipo de participaciones. Es un proyecto muy Atlas, bien desordenado, bien visual: uno lo puede leer en diferentes sentidos». La profesora aprovechó para proponer enfoques más específicos: «¿Cómo usted veía el manejo de las políticas públicas a mediados del siglo XX? ¿Cómo se afectaba su establecimiento?». La conversación exploró distintas posibilidades: ex alumnos de los 90, profesores de los 80, la experiencia de la disciplina escolar en distintas épocas. Al cierre del taller, Bárbara planteó: «Me gustaría que tengamos una meta: cada uno va a desarrollar una entrevista de aquí a un mes.» El taller acogió esta estructura, reconociendo también la naturaleza voluntaria. Este intercambio muestra cómo se armonizan dos necesidades legítimas: la estructura que requiere un espacio extracurricular para mantener continuidad, y la voluntariedad que necesita la investigación genuina. En este marco, la propuesta temporal es muy realista: «El transcurso de un mes siempre es algo adecuado. Algunos entrevistados fallan, otros son súper cumplidores. Entrevistar es toda una aventura.» Lo que deja este taller es una serie de aprendizajes sobre cómo desarrollar investigación en contextos educativos. La experiencia previa enriquece: cuando un grupo ya tiene práctica investigativa, es posible profundizar rápidamente en aspectos éticos y técnicos específicos. La flexibilidad metodológica fortalece: permitir que las comunidades co-construyan el enfoque hace que el proyecto sea relevante institucionalmente sin comprometer rigor. El Atlas ofrece método; las comunidades aportan sentido. Lo esencial es la disposición: más allá de técnicas específicas, se trata de formar una actitud de apertura a la alteridad, capacidad de escucha, respeto ético, y comodidad con la incertidumbre. La negociación es parte del proceso: entre la urgencia institucional y la paciencia investigativa, los acuerdos explícitos sobre expectativas y plazos son indispensables. La frase que abrió esta reflexión cobra ahora otro sentido. No es una advertencia sobre la dificultad, sino una invitación: el desafío permanente es lo que mantiene viva la investigación. Si después de 20 años cada entrevista sigue exponiendo al investigador «a la alteridad, a la subjetividad de los demás, y eso es por definición siempre algo distinto,» entonces la investigación nunca se mecaniza: permanece como un encuentro abierto entre diferentes seres humanos.
Taller de entrevistas narrativas introduce a estudiantes del Liceo 1 en la investigación de su historia

«Los que más dijeron a las mujeres que estudiaran fueron los varones. Nunca lo hubiéramos pensado.» La profesora Catalina cuenta el descubrimiento de una investigación previa y en la sala se siente la sorpresa. Es justo ese tipo de hallazgo inesperado lo que puede ocurrir cuando se pregunta y se escucha con atención. Como parte del proyecto «Construyendo un Atlas Participativo de la Historia de la Educación en Santiago», el jueves 29 de septiembre se realizó en el Liceo 1 Javiera Carrera un taller de introducción a la investigación social, como preparación para que estudiantes del Taller de Patrimonio, a cargo de las profesoras Catalina Padilla y Lidia Rivera, realicen entrevistas a ex alumnas del liceo. El encuentro fue facilitado por Renato Moretti y Fernanda Toledo. La pregunta de partida del encuentro fue directa: «¿Quién puede conocer mejor la experiencia del Liceo 1 que las propias javierinas?» «Las historias de los colegios en general es muy emblemática, muy de fundadores, muy de grandes profesores. Pero ¿qué pasa con las estudiantes que estuvieron aquí, por ejemplo, en el año 88? ¿Con una persona que pasó por la institución como muchas otras? Esas historias están silenciadas.» El taller planteó que hacer investigación social es «hacer visible lo que no se ve» y «hacer audible lo silenciado.» Para eso, las entrevistas narrativas son diferentes a las encuestas. No se trata de preguntar «¿Le gustaba el liceo? Sí o No», sino «Cuénteme la historia de sus años en el Liceo 1». Las estudiantes recibieron una pauta de entrevista como ejemplo, descrita como «una ayuda memoria» con una pregunta principal abierta y tres principios: invitar a narrar, escuchar activamente, y profundizar con respeto. Se revisaron también algunos aspectos éticos clave: escuchar sin juzgar, participación voluntaria, control de la información por parte del entrevistado, y anonimato por defecto. El formulario de consentimiento informado asegura que la persona «entienda y acepte participar sabiendo en qué se está metiendo.» Se ejemplificó el proceso usando un personaje ficticio: «Patricia», alumna del liceo durante la dictadura que volvió como profesora en democracia. Se mostró desde la presentación inicial hasta la pregunta principal, pasando por la revisión del consentimiento y el permiso para grabar. Durante la ejemplificación apareció la incertidumbre. Preguntar es tantear, lo que puede generar inseguridad. El taller no minimizó esta inquietud, más bien la reconoció como natural al enfrentar algo nuevo. La clave está en cambiar de perspectiva: no se trata de ejecutar una pauta perfectamente, sino de experimentar. Si no funciona algo, se prueba otra cosa. Si hay silencio, se espera. El objetivo es aprender desde la práctica. Al aprender se cuenta con el derecho a equivocarse, y ese derecho es precisamente lo que permite crecer. Como mostró la experiencia que compartió la profesora Catalina al inicio del taller, investigar puede revelar lo que nadie esperaba. Esa es quizás la lección más importante del taller: preguntar y escuchar abre la posibilidad de descubrir no solo aquello que no sabemos, sino aquello que no imaginamos. Investigar es también una oportunidad para sorprenderse.